Mostrando entradas con la etiqueta Javier Otaola. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Javier Otaola. Mostrar todas las entradas

miércoles, 13 de octubre de 2010

Literatura & Libertad: Democracia, discrepancia y unidad.

Literatura & Libertad: Democracia, discrepancia y unidad."La democràcia concedeix tants espais per a la discrepància, que pot exigir unitat institucional en certs moments solemnes. Els qui no ho entenen així son un perill per a la vida de la pròpia democràcia. ( Joan Francesc Pont)

Todo esto a propósito de los abucheos al Presidente del Gobierno en los actos del 12 de Octubre."

jueves, 15 de julio de 2010

Viene Benedicto

EL CORREO - JAVIER OTAOLA - 7/7/2010

«Ciertas posiciones pretenden que ignoremos la Constitución y reclaman para la confesión católica poder para determinar la estructura social y política»

Benedicto XVI vendrá -Dios mediante- a España el 8 y 9 de noviembre de este año. Está previsto que consagre el templo de la Sagrada Familia del genial Gaudí, en Barcelona; es probable que también peregrine a Santiago de Compostela en este Año Santo, todo lo cual es muy pastoral y legítimo, pero es inquietante ver cómo, con motivo de este acontecimiento, algunos sectores ya están calentando motores y quieren dar a la próxima visita papal un objetivo descaradamente político y partidario, de reconquista del discurso confesional, con aire de cruzada anti-laicidad.
La sociedad española que recuperó las libertades públicas en 1978 viene de un largo período liberticida en el que se construyó un discurso público antimoderno, antiilustrado y antidemocrático que ha troquelado, a su modo, nuestra sociedad con efectos duraderos que todavía padecemos. A pesar del mandato constitucional de 1978 que proclama la aconfesionalidad del Estado y la libertad religiosa y de conciencia de todos los españoles, ciertas posiciones pretenden que ignoraremos la Constitución y reclaman para la confesión católica no ya la libertad, que le es debida, sino el rango de institución pública que desborda las creencias particulares y subjetivas, con poder para determinar la estructura social y política de España como nación y por lo tanto también los fines del Estado.
Sería patético que Benedicto XVI hiciera el juego a ese propósito porque haría un flaco favor a la Iglesia, a los católicos y a todos los españoles. Ese discurso, antiliberal y antidemocrático, reivindica una especie de vigencia mítica y eterna del Concilio III de Toledo, -¡¡¡año 589!!!-según el cual el cristianismo-católico se constituye en elemento esencial de la nación española -Gothia-, y se opone así frontalmente al marco constitucional, liberal y democrático, de 1978.
Vivimos tiempos complejos, de esos que Salvador Pániker considera propicios a las identidades mestizas, en los que muchos queremos ser a la vez tradicionales e ilustrados, comunitarios y cosmopolitas, espirituales y hedonistas, progresistas y ecológicos. De un lado, asistimos a un retorno de la religión, que ya fue pronosticado por autores como Gianni Vattimo, Hans-Georg Gadamer, Eugenio Trías y otros (Trías, Eugenio, 1977). Esa vuelta de lo religioso está relacionada con genuinas necesidades humanas -que muchos reclamamos-; pero por otro lado, esas demandas se manifiestan de una manera herética, plural, libérrima, muchas veces al margen de las iglesias; además, es evidente, para el que quiera ver, que asistimos a una secularización mayoritaria de las identidades personales, de las formas familiares, incluso de la espiritualidad y por supuesto del pensamiento científico y filosófico, el tiempo libre, la moral sexual, los gustos estéticos, las ciencias sociales y las opciones políticas, al menos en Europa.
En la mayoría de los movimientos laicistas he descubierto no sólo una propuesta jurídico-política al servicio de la libertad sino algo más: una especie de laicidad confesante, con su propia 'espiritualidad', una forma de religión por defecto que se ve a sí misma como la única cosmovisión digna de ser reconocida por los poderes públicos. Yo, por mi parte, creo que lo que necesitamos es otra cosa: una laicidad mediadora que se defina como fórmula jurídico-política orientada a garantizar la libertad de conciencia y de religión, al mismo tiempo que construye un espacio común a todos -creyentes e increyentes, espiritualistas y ateos- en cuanto unidos por el vínculo común de la ciudadanía.
Uno de los motivos por los que la 'laicidad' no logra un consenso pacífico y generalizado entre nosotros, además de por la escandalosa mala fe de algunas posiciones confesionales, es, también, por la manifiesta incapacidad para explicar y proponer una laicidad integradora. Es por eso que no comparto la posición antipática y 'enragée' de algunos sectores laicistas que protestan ante la próxima visita papal. Yo me alegro de que venga, que hable y que escuche, no sólo a su grey, que está ya de antemano entregada, sino también a todas las voces independientes que se manifestarán a su paso.
No es tiempo de volver a la decimonónica 'cuestión religiosa', pero no podemos dejar sin respuesta el papel político que las religiones organizadas quieren -de nuevo- tener en Europa y en el mundo y tenemos que hacerlo de acuerdo con lo que hoy -siglo XXI- somos: menos sectarios, más mestizos y más sabios. Vivimos en un escenario post-secular (Habermas) que nos exige la creación de condiciones de mutuo reconocimiento, co-implicación (Andrés Ortiz-Osés) y convivialidad crítica, en el que los poderes públicos garanticen mediante su neutralidad que cada uno de nosotros puede vivir su vida, personal y socialmente, de acuerdo con sus opciones religiosas o filosóficas, y todos podamos encontrarnos 'fraternalmente' en el vínculo común de nuestra ciudadanía.
La libertad de conciencia y de religión no es sino el derecho de cada uno de nosotros a «vivir y comportarse de acuerdo con las propias convicciones y creencias», lo que supone también la libertad de «expresar» -de manera individual o colectiva- la religión o las convicciones propias. Los únicos límites de ese derecho son el orden público y los derechos de los demás. La libertad religiosa no incluye por lo tanto el derecho de las religiones positivas de «estructurar el orden político, sociocultural y moral de toda la sociedad» (Rafael Díaz-Salazar).
Valoro en mucho que haya sido precisamente Ratzinger, en diálogo con Jürgen Habermas, quien -en un ejercicio de humildad infrecuente en Roma- haya reconocido la necesidad de construir entre todos - y ¡todas!- un «consenso ético de fondo», en el que se tenga en cuenta lo que el Papa llama la «aportación» de la religión. Ese consenso ético de fondo es lo que entre nosotros y con otras palabras ha definido José Antonio Marina como el 'marco ético' al que las propias religiones deben someterse, es también esa 'justicia como equidad' de la que habla John Rawls.
Para que haya consenso, es decir, mutuo consentimiento, ese marco ético tendrá que hacerse con diversas y contradictorias aportaciones, con respeto crítico pero sin paternalismos, distinguiendo lo político de lo personal, lo social de lo individual, dando cancha a religiosos e irreligiosos, místicos y ateos, varones y mujeres, espiritualistas y racionalistas, 'justos y pecadores'», o sea, de verdad, entre todos, con razones y argumentos asequibles para todos.
Benedicto, bienvenido.

jueves, 21 de febrero de 2008

DE LAICOS, LAICISTAS Y ACONFESIONALES

Mi amigo Javier Otaola escribe en su Blog, NONOBSTANTE, un comentario a la entrada anterior titulada “Sevilla Laica” que tengo que agradecerle, porque me sugiere aspectos en los que no había reparado con anterioridad. Su comentario es el siguiente:


“Me gusta el documento pero se me ocurren dos objeciones, (1) ¿la laicidad es
una condición que se predica del Estado o de la Sociedad? ¿Qué significa exactamente que la "sociedad es laica"?
Desde mi punto de vista decir que una sociedad es laica no tiene sentido: la sociedad será "a pro rata" agnóstica, atea, católica, musulmana o lo que sea pero la laicidad como regla institucional no es aplicable a "lo social", sino sólo al discurso político. Si los entes colectivos carecen de conciencia propia tampoco "La Sociedad" pude tener una conciencia laica. La Metereología como ciencia es laica, pero un metereólogo puede ser católico, protestante, musulmán, judío, ateo, agnóstico...y la sociedad o el colectivo de los metereólogos será lo que sean aquellos.
(2) ¿Por qué el Derecho Público no puede reconocer institucionalmente a las religiones organizadas como interlocución en aquello que pueda ser de interés mutuo? Incluso en Francia -modelo de laicidad- se produce ese reconocimiento, vg: Consejo Musulmán de Francia...también en Turquía existe una Dirección de Asuntos Religiosos.
En mi opinión la laicidad es un instrumento para la libertad, pero no un fin en sí misma. Es más, hay Estados que han creado regímenes de libertad sin pasar por la laicidad: vg: Reino Unido, Holanda, Dinamarca, Suecia, Japón...”


Ante esto debo decir que, a la primera objeción, debemos tener en cuenta lo que el diccionario entiende por sociedad:

"1. Reunión mayor o menor de personas, familias, pueblos o naciones. 2. Agrupación natural o pactada de personas, que constituyen unidad distinta de cada uno de sus individuos, con el fin de cumplir, mediante la mutua cooperación, todos o alguno de los fines de la vida."

Dicho esto, dependerá del conjunto de personas que cojamos al hablar de sociedad, que deberemos entender si debe o no ésta ser laica: Si hablamos de la sociedad de los católicos, evidentemente esta no será laica, sino católica, pero si hablamos de la sociedad sevillana (y lo mismo sería aplicable a la española), a la que hacía referencia el documento, en tanto en cuanto que formada por personas de distintas confesiones, ésta creo que debe ser laica, es decir, “independiente de cualquier organización o confesión religiosa” (el entrecomillado está extraído del diccionario de la RAE).

Otra cosa es que apliquemos una metonimia muy común que asimila sociedad a “sociedad civil” es decir, al “ámbito no público, sociedad de los ciudadanos y sus relaciones y actividades privadas.” Que, en tanto que privada, no va a ser nunca laica sino que, como muy bien explicas, va a ser católica, protestante, musulmana, judía, atea, agnóstica… La sociedad civil es como es, no como la queramos definir, y se expresa como convenientemente decide. Esto es lo que justifica, por ejemplo, expresiones civiles de profundo contenido religioso, como por ejemplo las procesiones de Semana Santa que tenemos en Sevilla.

De todas formas, esto apunta un problema muy común propiciado por el hecho de que solemos utilizar tres términos casi como sinónimos, cuando realmente no lo son:

Laicidad: Galicismo que no existe en el diccionario de la Real Academia, pero que, si atendemos a su origen (laïcité), vendría a designar una característica de las instituciones públicas o privadas, que según este principio son independientes de las distintas Iglesias y que también se refiere a la imparcialidad y neutralidad, en este caso del Estado, con respecto a las distintas religiones (sería casi como un sinónimo de nuestra aconfesionalidad pues observemos que, en francés, el antónimo de confesionalidad es laicidad, no a-confesionalidad).

Laicismo: Nuestro diccionario entiende el laicismo como aquella “doctrina que defiende la independencia del hombre o de la sociedad, y más particularmente del Estado, respecto de cualquier organización o confesión religiosa.” Esta definición es ambigua porque prácticamente incluye lo que entendemos por laicidad, pero está connotada de su significado original en francés, que se refiere a la doctrina que quiere excluir la religión de todas las instituciones públicas.

Aconfesionalidad: Que según la RAE sólo significa “que no pertenece o está adscrito a ninguna confesión religiosa” (significado que, como ya he comentado, es en la práctica casi sinónimo de laicidad). Es verdad que, el necesario pacto constitucional de 1979, provocó que, frente a algunos que pretendían definir el Estado español como laico, como ocurre en otras muchas Constituciones de nuestro entorno, los sectores católicos transaccionaron permitiendo que se utilizara el término aconfesional que viene a decir solamente, que no tiene una religión como propia.

La referencia al significado en francés, al que debiera la Real Academia (en una alarde de laicidad, si se me permite) adaptarse, viene dada por el hecho de que este debate nos llegó a nosotros con las ideas de la Ilustración importadas de Francia.

En cuanto al segundo punto, estoy totalmente de acuerdo contigo, independientemente de lo que exprese el manifiesto. De hecho, la Constitución dice que "los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española" y que deberán "establecer relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones". Aunque, justificando en cierto modo la redacción, creo que es un exceso que lo que realmente quiere prevenir es de la tentación tan frecuente y tan vigente de que las religiones quieran imponer sus preceptos morales al ordenamiento jurídico general.

Esto no significa que no puedan ser interlocutores. Más bien al contrario, la independencia y autonomía de los poderes públicos es la que garantiza la convivencia de todos (cristianos, judíos, musulmanes, agnósticos, ateos o cienciólogos) apoyándose en dicha capacidad mediadora.

De todas formas, como podemos ver, el tema es muy complejo y lleno de recovecos, aunque fundamental en la sociedad actual.

martes, 27 de noviembre de 2007

REFLEXIONES SOBRE LA LIBERTAD

Aseguraban los existencialistas (y humildemente lo comparto) que el ser humano, el hombre, es el único animal que, hablando con propiedad, tiene "existencia", concebida esta como una actualidad absoluta, no como algo estático de lo que se pueda decir que es, sino como algo que se crea a sí mismo en libertad, que deviene, que es un proyecto. La existencia es algo que pertenece sólo a los seres que pueden vivir en libertad.

La libertad es, por tanto, una característica irrenunciable de la humanidad, aunque existen también otras características propias del "ser" humano, entre las que quiero destacar otras dos:

  • Somos únicos. Cada uno de nosotros en un individuo que debe ejercer su propia libertad inalienable.

  • Partiendo de la base de que es respetable cualquier interpretación con respecto a la existencia de una o varias vidas después de la muerte, o de la trascendencia del ser; lo único que podemos asegurar sin lugar a dudas es que hemos de vivir con la certeza de que algún día vamos a morir. Esto diferencia también al hombre de los animales, pues el hombre es el único animal que tiene conciencia de su propia muerte. La muerte se convierte en una compañera de viaje que, permanentemente nos "angustia".
Y esta otra característica, la mortalidad hace que renunciemos a nuestra individualidad (a toda o a tan sólo una parte) para compartir la vida con nuestros semejantes. Este es, segun Savater, el origen de las sociedades: Las sociedades funcionan como "máquinas de inmortalidad" que utilizamos para combatir la amenaza de la muerte. El grupo social se presenta como lo que no puede morir, a diferencia de los individuos, que están condenados a hacerlo. Los elementos que hacen comunidad, como las patrias, las naciones, las banderas... han estado ahí antes de que nosotros llegáramos y seguirán estando cuando nos vayamos.

Aun cuando la libertad nos proporciona independencia y racionalidad, también nos obliga a ejercer una responsabilidad sobre nosotros mismos. Debemos tomar las riendas de nuestra existencia, asumiendo nuestros errores que, sin duda, van a producirse. Somos arquitectos de nosotros mismos. Sin embargo, este "exceso" de responsabilidad ha degenerado también en la aparición de algunos mecanismos de evasión que resultan de la misma inseguridad del individuo: el autoritarismo , la evasión, el conformismo... Eso que Erich Fromm llamaba el "miedo a la libertad", que nos impulsa a "ceder" nuestra libertad a terceras personas.

El ser humano ha vivido durante siglos en un estado de "minoría de edad" social. Hemos, sucesivamente, cedido nuestra libertad a las diferentes divinidades y a sus representantes en la tierra, en lo civil y en lo religioso. Nos sentimos mucho más seguros si, en vez de ser nosotros los que tenemos el riesgo de equivocarnos, son otros los que toman las decisiones por nosotros. Mucho mejor, si además éstos son infalibles, o tienen algún tipo de origen divino.

No es hasta la Ilustración cuando el hombre se hace "mayor de edad" y empieza poco a poco a tomar las riendas de su propia libertad.

No pretendo que este blog sea una mera reflexión filosófica, puesto que otras mentes mucho más brillantes que la mía ya han expresado, mucho mejor, ideas similares. El "hilo de Ariadna" que pretendo seguir en este escrito, quiero que me conduzca a hacer una reflexión profunda y de base: ¿Es el socialismo la ideología que ha de permitir al ser humano progresar en los próximos siglos?

Teniendo en cuenta que habíamos definido que, entre otras que se le puedan ocurrir al lector, las características que forman parte de la "arquitectura ontológica", según hemos enunciado, son la libertad, la individualidad y la mortalidad, parece correcto pensar que,quel sistema de regulación de la vida social que sea más fiel y que permita desarrollar más estos aspectos de nuestra arquitectura ontológica, será el mejor sistema posible.

En este sentido, teniendo en cuenta que la individualidad, como ya hemos expresado con anterioridad, queda aparcada casi en su totalidad por la vida en sociedad, necesaria para poder convivir con nuestra mortalidad, parece que, de los tres aspectos enunciados, la libertad es aquel en el que nos debemos centrar.

Como bien ha dicho Ralf Dahrendorf, "este viaje es elviaje de las ideas, pero también el de la construcción de la vida de los hombres reales en el mundo real. Por lo demás, el destino del viaje es claro; se llama libertad." ¿Pero, qué entendemos por libertad? ¿Acaso no hay que darle la razón a los deterministas, sobre todo en el seno de la Iglesia, que entienden como algo obvio que el hombre no es libre, porque no puede hacer cuanto se le antoje?

A la libertad le pasa, a menudo, como a otras muchas grandes palabras, como la igualdad, la fraternidad, la bondad, la solidaridad... que a fuerza de ser utilizadas,incluso, por su peores enemigos, acaban perdiendo todo significado. ¿O no resulta cínica la divisa que figuraba en los portones de los campos de exterminio nazis: "El trabajo hace libre"?

En este sentido, es interesante apuntar que, desde el punto de vista social, somos más libres, en tanto en cuanto la sociedad nos permita desarrollar todas y cada una de nuestras capacidades, al desarrollo de nuestro "yo". Por tanto, la libertad está muy ligada al concepto de oportunidades. Las oportunidades son opciones, posibilidades de elección. Esta es, desde mi punto de vista, la principal característica de una sociedad que quiera denominarse como libre y define, además, el camino que se debe seguir para seguir profundizando en la libertad y, por tanto, en el progreso.

¿Y no nos ha de llevar a pensar esto que el mejor sistema es el que define el liberalismo, contrario al socialismo?

He de confesar que, con respecto a este particular, existe incluso entre las filas de los partidos socialdemócratas un error históricamente muy común. Los partidos socialdemócratas modernos hace ya bastantes años que abandonaron el marxismo que, durante gran parte del siglo XX parecía consustancial con ellos. De hecho, y prometo profundizar en esta idea en sucesivas entradas del blog, hoy por hoy, el socialismo moderno debe mucho más al liberalismo político (que no económico) surgido de la Revolución francesa, que al marxismo posterior.

Me gusta pensar en un socialismo democrático que auna la defensa inquebrantable de la libertad, con un sentido profundamente humanista. Y es por esto que entiendo que el socialismo democrático es la ideología que mejor satisface las exigencias del "ser" humano, lo que Fernando de los Ríos, probablemente la mente más preclara del socialismo español de la II República, definía como el "humanismo socialista", enfrentado al marxismo. Eso que, tan magistralmente ha definido Javier Otaola diciendo que "Fernando de los Ríos funda su socialismo en una exigencia filosófica, podríamos decir ontológica: la condición del ser humano como ser racional autoconsciente, que hace del logro de sus proyectos vitales un fin y un sentido para su vida, que construye sentido hace que él mismo no pueda ser reducido a medio o mercancía y esa misma condición hace que además pueda reclamar de la sociedad como derechos subjetivos que le son debidos los medios y posibilidades que necesita y que socialmente se le puedan garantizar."

El socialismo es, en definitiva, la ideología que mejor permite progresar a los hombres y desarrollar plenamente sus capacidades, siempre y cuando parta de un origen liberal y humanista, abandonando toda tentación dogmática, autoritaria o paternalista.

He dicho.