miércoles, 13 de julio de 2011
Táctica y estrategia
Quiero empezar con un precioso poema homónimo de Mario Benedetti.
Se trata, sin duda, de un precioso poema de amor. Nada que ver con la estrategia política ¿verdad? Sin embargo, recomiendo al lector que vuelva a leerlo, pero desde un punto de vista político. Yo lo hice una vez y no he encontrado un texto que explique mejor la diferencia entre táctica y estrategia y que, además, resuma muchos de los elementos principales de una buena estrategia en oposición.
No es casualidad. Como ya hemos comentado en alguna ocasión, la política tiene mucho que ver con las emociones y con la seducción y, por tanto, no es casualidad que la más breve y acertada expresión de una buena estrategia política venga de parte de uno de los mejores poetas en lengua hispana.
1. “Mi táctica es mirarte, aprender como sos, quererte como sos”
No debe haber nada más importante que saber exactamente como es nuestro votante. Debemos utilizar todas las herramientas que podamos permitirnos para averiguar qué hace, qué quiere, dónde está y cómo es.
Suele ganar las elecciones el candidato o el partido con el que más se identifican los votantes. En definitiva, el que consigue parecerse más a ellos y, por lo tanto, el mejor consejo para empezar esta lección de estrategia política del Maestro Benedetti es “estudia a tus votantes, aprende como son y quiérelos tal y como son, no como quieres que sean”
Un grupo en la oposición no debería escatimar, sin más limitación que la presupuestaria, evidentemente, en sondeos y estudios cuantitativos y cualitativos. Hay varios aspectos, que profundizaremos en otros apartados, de los que conviene tener la mayor información, y de mejor calidad: un buen mapa electoral, con un análisis cuantitativo y cualitativo de los resultados electorales a nivel de sección electoral, comparativa con los resultados electorales en contiendas anteriores; un buen targeting territorial y ciudadano, en base al análisis de los resultados con un informe de territorios-objetivo y de grupo de ciudadanos-objetivo; un detallado mapa de aliados, stakeholders y líderes de opinión, incluyendo los posibles colaboradores en el funcionariado; un conocimiento detallado de los recursos humanos y materiales del partido y de su disponibilidad; un buen análisis de debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades de los partidos y candidatos (incluyendo al nuestro); análisis cuantitativos y cualitativos periódicos, etc.
En definitiva, cuida y alimenta un buen laboratorio de inteligencia.
2. “Mi táctica es hablarte y escucharte, construir con palabras un puente indestructible”
Después del análisis de datos, lo siguiente que debe hacer un partido en oposición es construir un relato para los próximos cuatro años.
¿Qué significa “construir un relato”? La palabra de moda es storytelling, que no es más que el arte de contar historias.
Contar historias está en nuestra propia arquitectura cultural. Desde tiempo inmemorial hemos aprendido a formar parte de una comunidad a través de historias, ya fueran sagas, mitos o simplemente cuentos infantiles. El storytelling, como disciplina, surge en Estados Unidos en los años 90 y desde entonces su uso no ha hecho sino aumentar en el mundo de la comunicación y en el de la política.
A menudo, la tentación de los políticos, y con mayor frecuencia en los políticos progresistas, es la de hacer listas, creyendo que con eso los votantes caerán rendidos a sus pies. Se presentan ante el electorado con listas de inauguraciones, con inversiones y con balances de gestión de muchas páginas de extensión. Cuando pierden, estos políticos suelen decir eso tan socorrido de “lo hemos hecho bien, pero no lo hemos sabido comunicar”. En esta frase tan usada se esconde una gran verdad, pero también una enorme falacia. Ha existido un error de comunicación, pero no ha consistido en contar mal lo que se ha hecho, sino que, normalmente, habremos estado contando una historia que nadie había planificado, ni verificado, ni medido su eficacia.
Según Seth Godin, el inventor norteamericano del marketing viral, “el nuevo marketing tiene como objetivo contar historias, y no concebir realidades”, “según el mismo autor, “todo, en el personaje político, cuenta una historia, su ropa, su esposa, sus asesores…”
Este es el reto, planificar un relato coherente y que todos los elementos “cuenten” ese relato. Un relato de superación de dificultades, con héroes y con villanos y, recuerde, todo lo que haga, diga o deje de hacer o de decir, estará contando un relato sobre el que, si no ha hecho sus deberes, no tendrá ningún control.
Debemos recordar también que, en la actualidad, “comunicar es dialogar”. No basta con “vender” o “colocar” nuestro mensaje. Actualmente la política, o mejor dicho la ciudadanía, exige que exista retroalimentación en la comunicación con sus representantes.
Se le acercarán muchos consultores, más o menos profesionales, verdaderos gurús de la llamada política 2.0, que le venderán la importancia de estar en las redes sociales. Es normal, está de moda.
Dele la dimensión exacta a su campaña 2.0. Recuerde que este es un espacio en el que hay que estar, pero debemos evitar la tentación de pensar que la política 2.0 es la principal vía de contacto con los ciudadanos y ciudadanas. Según el último barómetro del CIS de junio de 2011, en España, el 62,1% de los españoles nunca utiliza Internet para obtener información acerca de la política o la sociedad. A menudo, las campañas 2.0 se limitan a emitir información a los propios militantes y simpatizantes, que estos comparten entre ellos mismos, en un círculo endogámico del que rara vez se sale para llegar a la inmensa mayoría de los ciudadanos, que son los que deben darle la victoria en una campaña electoral. Utilice su campaña 2.0 como una herramienta más para llegar a los ciudadanos, junto con otras, como la interlocución directa, el puerta a puerta, el voluntariado, etc. (eso que últimamente, adquirido de las campañas americanas, denominamos en el argot, como grassroots).
No olvide, por tanto, que las redes sociales no son un fin, sino un medio. No debe utilizar estas redes únicamente para vocear y amplificar su mensaje. Lo mejor que tienen estas herramientas es que nos van a dar la posibilidad de escuchar a nuestros vecinos, de llegar mucho más lejos de lo que lo podríamos hacer personalmente para escucharlos y demostrarles que nos importa lo que tienen que decirnos. Esa es la verdadera revolución digital de la política contemporánea: hoy gobernamos con los ciudadanos.
3. “Mi táctica es quedarme en tu recuerdo, no sé cómo, ni sé con qué pretexto, pero quedarme en vos”
Benedetti vuelve a tocar varios elementos claves: la notoriedad, el grado de conocimiento y el posicionamiento de nuestro partido y de nuestro candidato.
El grado de conocimiento y valoración son factores que suelen ser despreciados en muchas campañas electorales y, sin embargo, deben ser tenidos en cuenta. Si sus votantes no le conocen, no podrán tener una opinión sobre Vd. Si no lo valoran positivamente no será fácil que tengan la intención de votarlo, teniendo en cuenta que, de los que manifiestan la intención, no todos son los que depositan finalmente el voto en la urna. Si, además, Vd. espera que pasados cuatro años vuelvan a votarlo, deberá tener en cuenta que la fidelización casi siempre es inferior al voto anterior. Es decir que, partiendo del grado de conocimiento, todos los demás elementos tienden a decrecer. Si quiere que le voten, primero tienen que saber quién es.
4. “Mi táctica es ser franco y saber que sos franca, y que no nos vendamos simulacros para que entre los dos no haya telón ni abismos”
No debemos mentir nunca y debemos cuidar que no exista lo que técnicamente se denomina “disonancia cognitiva”, es decir que lo que hacemos, decimos y somos mantenga siempre una coherencia.
Hemos de ser conscientes de lo exigente que es el votante con sus responsables políticos. Eso es un factor positivo, porque habla de la salud que goza nuestra democracia. Casi el 80% de los españoles, lo que más valora en un político es su honradez, hasta el punto de que más del 60% preferirían votar a un/a político/a honrado/a pero poco eficaz, a lo contrario.
Puede ser injusto, pero un responsable político hoy debe trasmitir imagen de integridad, o lo más probable es que se tenga que dedicar a otra cosa. Si ha decidido dedicarse a la política, recuerde que esto le va a implicar estar en el punto de mira de los ciudadanos y ciudadanas. Sea ejemplar en su comportamiento y haga siempre lo mismo que predica y, recuerde esta regla de oro: nunca, bajo ningún concepto, mienta. Si le pillan falseando la verdad, por nimio que pueda parecer en un principio, pocos se lo van a perdonar.
5. “Mi estrategia es en cambio más profunda y más simple. Mi estrategia es que un día cualquiera, no sé cómo ni sé con qué pretexto, por fin me necesites”
Y, por fin, hemos llegado a la estrategia. Es, en palabras de María José Canel, Catedrática de Comunicación Política de la Universidad Complutense de Madrid y prestigiosa consultora política, una campaña es “un proceso secuencial en el que tras el análisis del contexto o situación, se diseña el mensaje electoral, se comunica y, finalmente se evalúa”.
Una campaña electoral no es un periodo limitado por ley a los quince días anteriores a unas elecciones. Muchos expertos coinciden en que, principalmente desde la era Reagan, se ha acuñado e impuesto el concepto de “Campaña Permanente” para referirse a la utilización del cargo por parte de los elegidos para construir y mantener una amplia y suficiente base de apoyo popular (usando para ello los instrumentos de la comunicación política) a fin de abrirle espacios a sus programas y de lograr la victoria en la siguiente convocatoria electoral.
La estrategia, una vez fijada, no debe cambiarse. Puede cambiar de tácticas para adaptarse mejor a los acontecimientos, pero si tiene que cambiar de estrategia durante la campaña es que, probablemente, haya planificado mal y, si no le queda más remedio que corregir el rumbo, con casi total seguridad, lo va a pagar en las urnas.
Si gobierna, recuerde que su trabajo y el de sus asesores no ha concluido. No ha alcanzado la meta, sólo ha cubierto una etapa. Si, en cambio, se encuentra en su particular travesía del desierto desde los bancos de la oposición, contemplando como su adversario utiliza estas estrategias, prepárese todos los días, profesionalice su comunicación y espere a “que un día cualquiera, no sé cómo ni sé con qué pretexto”, por fin le necesiten. Recuerde que el éxito electoral no sólo depende de la campaña que haga, ni se puede evaluar una campaña exclusivamente por su resultado. Magníficas campañas y magníficos candidatos pueden fracasar estrepitosamente, y viceversa, pero, utilizando la estrategia y las herramientas adecuadas, con disciplina y tenacidad, cualquier día puede llegar su oportunidad. Procure estar preparado para cuando eso ocurra.
martes, 10 de mayo de 2011
NEUROLINGÜÍSTICA: Elecciones de laboratorio
miércoles, 2 de marzo de 2011
martes, 14 de septiembre de 2010
Grandes discursos de la Historia II: Phil Davison
lunes, 19 de julio de 2010
“No se meta en política”
miércoles, 14 de abril de 2010
Siempre nos quedará Kavafis...
a un invisible tíaso pasar
con músicas fantásticas, con voces
tu suerte que declina, tus hazañas
que no fueron cumplidas, tus proyectos
que fueron todo errores, no los llores para nada.
Como dispuesto de hace tiempo ya, valiente,
dile por fin adiós a Alejandría que se marcha,
y sobre todo no te engañes y no vayas
a decir que fue un sueño, que se confundió tu oído.
No confíes en tales esperanzas vanas.
Como dispuesto de hace tiempo ya, valiente,
como te cuadra a ti, que tal ciudad te mereciste,
quédate inmóvil junto a la ventana
y escucha conmovido, pero no
medroso y suplicante como los cobardes,
como un placer postrero los sonidos,
los raros instrumentos del tíaso sagrado
y di por fin adiós a Alejandría que se marcha.
jueves, 3 de diciembre de 2009
Manifiesto: En defensa de los derechos fundamentales en Internet
- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.
- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.
- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.
- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.
- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.
- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.
- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.
- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.
- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.
- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.
lunes, 12 de mayo de 2008
EL RETO URBANO DEL PSOE
Para analizar estos resultados, contamos con la inestimable ayuda de la edición por el Instituto de Estudios Sociales de Andalucía del volumen La sociedad andaluza (2000), a cargo del sociólogo “de cabecera” de Manuel Chaves, Manuel Pérez Yruela. Este estudio, nos deja una radiografía socio-política de la Andalucía actual donde se da la llamada “paradoja de la satisfacción”; es decir, el riesgo que surge de la existencia de una mayoría satisfecha que abarca a más del 40% de la población andaluza, integrada fundamentalmente por trabajadores de baja cualificación, obreros agrícolas, parados con cobertura, jubilados y habitantes de zonas rurales.
Frente a la visión optimista de la realidad andaluza que expresa este sector, otro 30%, integrado fundamentalmente por clase media o alta, profesionales, funcionarios, etcétera, tiene una visión más escéptica respecto del proceso de modernización de la realidad andaluza, aunque manifiesta hasta ahora un escaso interés en movilizarse activamente en una actitud crítica. Y no debe olvidarse a un tercer sector marginado, integrando un 11% de los andaluces, con una actitud claramente pesimista.
- De una parte, el alto porcentaje de abstención entre los votantes progresistas españoles. Mucho más alto que el existente entre las filas de la derecha.
- Por otra parte, la falta de efectividad de la organización del Partido, para hacer llegar nuestro mensaje a las clases medias urbanas.
Sin embargo, el reconocimiento de un punto de partida de ventaja potencial es engañoso, tenemos otro gran enemigo, que es precisamente la fragmentación de la izquierda sociológica. Este es un fenómeno que no sólo existe en España sino que, muy por el contrario está descrito a escala mundial. El problema estriba en que muchas de las personas que encarnan estos modos de pensar progresistas no reconocen que el suyo es precisamente un caso especial de algo más general, y no acaban de ver la unidad entre todos los tipos de progresistas. A menudo piensan que el suyo es el único modo de ser progresista, lo que nos impide que gentes que compartimos valores progresistas lleguemos a unirnos, lo cual suele ser imprescindible, ante el hecho de que la derecha ya se ha unido frente a nosotros.
Es por esto que, en las últimas campañas electorales el objetivo principal del PP ha sido el intentar que no acudieran a las urnas nuestros votantes potenciales, al mismo tiempo que mantenían motivados y fieles a los suyos.
De todo esto, debemos extraer una serie de conclusiones:
- La búsqueda del tan manido “centro político” es sólo válida como estrategia para la derecha que, al partir de posiciones alejadas de las tendencias políticas naturales de los españoles, necesitan suavizarse para poder tener una base electoral suficiente.
- Debemos articular en las grandes ciudades, mecanismos que busquen fundamentalmente combatir la abstención, para lo cual será necesario que nuestra estructura territorial sea capaz de cumplir con los siguientes objetivos:
a. Debemos tener una estructura que se adapte mejor a la organización político-administrativa del estado. En la actualidad, por ejemplo, no existe un interlocutor único y autorizado del PSOE para cada administración territorial del Estado, lo que diluye nuestro esfuerzo.
b. Debemos tener una organización enfocada fundamentalmente a movilizar a nuestro electorado en aquellos barrios donde suelen estar nuestros votos y en los que, curiosamente, la abstención sueles también ser bastante más alta que en los tradicionales de la derecha.
c. Debemos superar, para las grandes ciudades, el modelo tradicional de agrupación local actual. Las agrupaciones locales es la actualidad viven de espaldas a su ámbito territorial de influencia, más preocupadas por preservar cuotas internas de poder que de estar en contacto con sus vecinos.
Resumiendo, el poder político debe estar en los mismos niveles que la administración territorial del estado, por lo que, si la administración que corresponde al gran municipio es el Ayuntamiento, el PSOE debería contar en tales municipios con una Agrupación municipal con autoridad y autonomía que sirviera de interlocutora con este nivel territorial. Por otro lado, el papel de la Agrupaciones Locales debería estar casi exclusivamente enfocado a la acción electoral permanente y de proximidad al ciudadano.
UNA ESTRATEGIA PARA LAS GRANDES CIUDADES
Otra gran asignatura pendiente del PSOE, prácticamente desde la década de los 90, es la ineficacia que hemos demostrado para hacer llegar nuestro mensaje a las clases medias urbanas. Nuestro discurso ha demostrado funcionar perfectamente en el medio rural pero, por alguna razón, parece no terminar entornos urbanos.
Los partidos progresistas en el mundo, sueles obtener mejores resultados electorales cuando son capaces de articular un discurso nítidamente progresista y claramente diferente del discurso que enarbola la derecha. Esto hemos sabido hacerlo muy bien en España a nivel nacional y en algunos niveles autonómicos.
En el lado contrario, la derecha ha venido sacando rentabilidad en aquellas elecciones en las que hemos caído en la trampa de acudir con un discurso que no se distinguía tan claramente del discurso del PP. En el ámbito municipal, por ejemplo, es frecuente caer en la trampa de la “gestión eficaz”, cuando a menudo lo que nuestro electorado potencial lo que nos demanda es que definamos un modelo de ciudad progresista diferente del modelo de la derecha.
En este sentido, podemos apuntar algunas claves para eliminar este problema:
- Las grandes ciudades son un complejo entramado social. El partido necesita estructuras con una alta especialización técnica en distintas materias para poder afrontar el reto de reconquistar las grandes ciudades donde ejercen una enorme influencia una sociedad civil más fuerte y unos medios de comunicación mucho más poderosos.
- La realidad de cada gran municipio es muy diferente. La situación actual hace que se generen discursos provinciales demasiado generales, cuando la realidad de la capital y del resto de la provincia no tienen nada que ver, o que las agrupaciones locales vayan diseñando programas por barrios, pero cuya acción se diluye en un sistema tan complejo como el de una gran ciudad. Deberíamos contar con estructuras capaces de generar estrategias propias de comunicación, de formación y de traslado a la ciudadanía de nuestras políticas.
- Los socialistas hemos de trasmitir un mensaje nítido que no desoriente a nuestro electorado, fundamentalmente en tres áreas:
- Apuesta firme por lo público, para lo que se hace necesario por fortalecer la independencia política y económica de las grandes ciudades.
- El boom inmobiliario de los últimos años ha encarecido la vivienda en las grandes ciudades y ha llevado a muchos de nuestros votantes hacia las poblaciones periféricas, dejando las ciudades en manos de los más poderosos económicamente. La apuesta por las políticas de vivienda de protección oficial y la lucha contra la especulación deben ser una prioridad para nosotros.
- Debemos mantener una posición particularmente responsable en algunas materias que la derecha utiliza demagógicamente para arrebatarnos nuestro electorado, como por ejemplo en inmigración.
- Por último, existe un aspecto tremendamente importante. Necesitamos en las grandes ciudades estructuras de Partido estables y eficaces. No podemos permitir que se ponga en riesgo la labor de gobierno o de oposición por las permanentes tensiones entre Agrupaciones Locales, que se acaban configurando como “reinos de taifas”.
Nuestra estructura orgánica en las grandes ciudades, lejos de ayudarnos en nuestra tarea de acercarnos al ciudadano, parece entorpecer. La estructura orgánica no puede ser una distracción que nos lleve a dedicar más tiempo a ver cómo nos colocamos internamente que a ver cómo resolvemos los problemas de los ciudadanos y en las grandes ciudades debería estar enfocada casi exclusivamente a mejorar nuestros resultados electorales, por eso aplaudo desde este blog la iniciativa impulsada por la Ejecutiva Federal del PSOE de poner en marcha una nueva estructura organizativa para fortalecer el papel de las Ejecutivas Municipales en las ciudades de más de 250.000 habitantes.
viernes, 4 de abril de 2008
ENFOQUE ESCÉPTICO DE LA POLÍTICA
Durante dos milenios los filósofos escépticos nos han alertado contra las supercherías religiosas y los fraudes intelectuales. Pero ninguno de ellos, ni siquiera Sexto Empírico en la Antigüedad, ni Francisco Sánches en el Renacimiento, ni David Hume en la Ilustración, ni Bertrand Russell en el siglo pasado, nos han advertido contra los espejismos y crímenes políticos, pese a que ellos son mucho más peligrosos que cualquier superstición.
En lo que sigue procuraré reparar esta omisión. Argüiré que, aunque en materia política todos somos tuertos, más vale que el ojo vidente sea escéptico. Y, para que no se crea que predico el escepticismo político radical y destructivo, o sea, el anarquismo, empezaré por distinguirlo del escepticismo moderado o puramente metodológico que recomendara Descartes y que se practica en ciencia y en técnica, a saber, el que recomienda dudar antes y después de creer.
1 Escépticos radicales y moderados
Se cree comúnmente que los escépticos no tienen creencias. Esta creencia acerca de los escépticos es falsa, ya que sin creencias de algún tipo no sobreviviríamos. Por ejemplo, el ratón que creyera que los gatos son productos de su imaginación no dejaría descendencia; tampoco el peatón que no creyera conveniente mirar a ambos lados de la calle antes de cruzarla. Las creencias, pues, son fuentes de acción. Quien nada cree nada hace y por lo tanto vive aun peor y menos que el dogmático.
Contrariamente a lo que sucede con los gusanos, en los humanos el estímulo no causa directamente una respuesta, sino que es refractado por un sistema de creencias. Esto explica por qué un mismo estímulo, tal como una frase, provoca una reacción en Fulano y otra diferente en Zutano. Por ejemplo, la expresión ‘justicia social’ alarma al conservador pero atrae al progresista.
Entre los sistemas de creencias figuran las ideologías, o sea, los cuerpos de ideas acerca de la naturaleza del mundo, del más allá, de los valores y de las normas morales y políticas. Las creencias ideológicas suelen ser las más fuertes. Tanto, que muchos científicos eminentes, que rechazaron todas las pseudociencias consabidas, se aferraron a dogmas religiosos o políticos.
Por ejemplo, Theodosius Dobzhansky, uno de los padres de la síntesis de la biología evolutiva con la genética, fue un ferviente cristiano. El gran biólogo J. B. S. Haldane y el no menos insigne físico John D. Bernal fueron stalinistas tan ortodoxos que defendieron los disparates de Trofim Lysenko, el enemigo de la genética cuyas hipótesis pseudocientíficas hicieron retroceder a la agricultura soviética. O sea, que una sólida formación científica no vacuna contra la pseudociencia. Para vacunarse hay que combinar la actitud científica con el análisis metodológico. Esto vale tanto para el conocimiento como para la política.
Casi todos enfrentamos los acontecimientos políticos con algún preconcepto ideológico: progresista o reaccionario, neoliberal o socialista, secular o religioso, etc. Esto es inevitable pero azaroso, porque las ideologias son respuestas prefabricadas a estímulos esperables, y la realidad social es en gran medida impredecible porque la vamos haciendo de a poco y en forma más improvisada que científica. Por este motivo hay que poner especial cuidado en la formación y propagación de una ideología.
Sin embargo, el enfoque ideológico no es un obstáculo a la comprensión de la politica si se está dispuesto a reexaminar de tanto en tanto los principios de la ideologia en cuestión, para verificar si se ajustan a la nueva realidad, a la moral y a nuestras aspiraciones legítimas. Seamos escépticos pero moderados, no radicales. O sea, adoptemos el escepticismo metodológico y rechacemos el escepticismo radical, porque se niega a sí mismo y es puramente destructivo.
El buen demócrata es un escéptico moderado porque está alerta a las posibles violaciones de las reglas democráticas: al fraude, la corrupción, el cercenamienrto de las libertades básicas, la agresión militar, etc. En cambio, el escéptico radical, el que nada cree, se pone al margen de la política, y con ello se hace víctima de ella. Al dogmático le va igual que al escéptico radical: también él se pone a merced de los demás en lugar de actuar conscientemente por el bien común y contra quienes cometen acciones antisociales. En resumen, el buen demócrata no obedece ni desobedece ciegamente: todo lo examina y sopesa.
En lo que sigue intentaré alertar contra minas terrestres de ocho clases que acechan a quien se aventure a caminar por el terreno político: confusión, error, exageración, profecía, engaño, pagaré, maquiavelismo y crimen. No lo haré para alejaros de la política sino, muy por el contrario, para instaros a que participéis en ella con ojo escéptico antes que cegados por dogmas o ilusiones infundadas.
2 Confusiones
Confundir es identificar lo distinto. La confusión puede ser involuntaria o deliberada. La confusión involuntaria es el precio que pagamos por la ignorancia, el apresuramiento, la improvisacion o la superficialidad. La confusión deliberada, en cambio, es un delito, ya que es un engaño. Esto ocurre, por ejemplo, cuando se identifica la libertad con la libre empresa o el libre comercio, el derecho a la defensa con la agresión armada, la socialización de los medios de producción con la estatización, y la propaganda con la información.
Esta confusión es políticamente provechosa porque permite tildar de terroristas a los guerrilleros que toman las armas para hostilizar a un gobierno opresor o un ejército invasor. Más aun, a veces el Estado recurre a los mismos medios que usan los terroristas de abajo: castigo colectivo, intimidación, ejecución sumaria, tortura, o exacción. Este recurso es ilegal porque hace a un costado el tribunal ordinario, único facultado para juzgar los crímenes al por menor. Un gobierno que utilice esos recursos extralegales carece de legitimidad legal y moral. Un Estado auténticamente democrático no puede darse el lujo de usar los mismos métodos de quienes combaten la democracia. Hacerlo es pura hipocresía.
3 Errores
El error es tan común en política como como en ciencia, pero la corrección del error es menos frecuente en política que en ciencia, porque al político común le interesa más el poder que la verdad. Además, el político puede cometer errores morales, o sea, delitos de distintas envergaduras, desde el engaño al electorado hasta la agresión, mientras que lo peor que puede hacer un científico es cometer fraude, lo que puede ser grave dentro de la comunidad científica pero no toca a la ciudadanía.
Los errores politicos pueden ser tácticos o estratégicos. Los errores tácticos, o técnicos, son mucho más fáciles de corregir que los estratégicos, ya que éstos involucran principios y metas. Un error estratégico común es el oportunismo, tal como aliarse con el enemigo de nuestro enemigo con el solo fin de derrotar al adversario. Este es un error grave porque involucra traicionar principios básicos.
Otro error del mismo tipo es tomar en serio la llamada ley de Hotelling, conforme a la cual siempre conviene desplazarse hacia el centro del espectro político, para capturar votos del adversario. Esta estrategia electoral puede dar resultados inmediatos, pero a la larga es suicida, porque a medida que se esfuman las diferencias entre los partidos se debilita la motivación del votante para elegir entre ellos: prefiere quedarse en casa, aduciendo que, puesto que todos son iguales, no tiene caso elegir entre ellos.
4 Exageraciones
En política suelen cometerse errores de evaluación, en particular exageraciones y subestimaciones. Por ejemplo, los izquierdistas tienen la tendencia a tachar de fascistas a los autoritarios, incluso a los conservadores. En particular, acusamos de dictadura a cualquier gobierno que conculque algunas libertades democraticas, aunque no encarcele en masa a los opositores. Por ejemplo, en su tiempo se acusó de dictadura a los gobiernos de los General Primo de Rivera y Perón, cuando de hecho fueron dictablandas. Las exageraciones de este tipo atemorizan a unos y llevan a otros a tomar medidas innecesariamente radicales. Tampoco hay que cometer el error opuesto, de subestimar al adversario. Un ejemplo de este error es el que comete el eminente sociólogo político Michael Mann en su monumental Fascism (2004), al afirmar que el franquismo no fue fascista. Llega a esta conclusión porque el franquismo no se ajusta a su definición idiosincrática de fascismo. Según Mann, “el fascismo es la búsqueda de un estatismo nacionalista [nation-statism] transcendente y purificador mediante el paramilitarismo”. Puesto que la organización paramilitar facciosa, la Falange, era pequeña, el franquismo no se ajusta a esa definición. Lo mismo se aplicaría al régimen del Mariscal Horthy en Hungría.
A mi juicio, esto sólo muestra que la definición de Mann es defectuosa, ya que el régimen franquista colmó los deseos de los super-ricos, así como los de Hitler y Mussolini, escuchó las plegarias del Papa y ejecutó a más opositores que cualquier otro régimen fascista. ¿Para qué montar una fuerte banda paramilitar de señoritos voluntarios si se dispone de casi todas las fuerzas armadas del país, de los aviones y buques de guerra alemanes, y de los llamados voluntarios italianos? El error de Mann consistió en aferrarse a una definición en lugar de empezar por una provisional, ponerla a prueba, y terminar proponiendo una definición más adecuada que la inicial. O sea, en este caso no se ajustó al método científico.
5 Profecías
La profecía es especialidad del líder religioso, del ideólogo que cree conocer las leyes de la historia, del macroeconomista ortodoxo, del político inescrupuloso y del vendedor de grasa de culebra. Es posible hacer profecías políticas correctas referentes a sociedades tradicionales, homogéneas y carentes de cuantiosos recursos naturales. Las sociedades de este tipo pueden persistir durante bastante tiempo en el mismo estado, porque no tienen divisiones que generen conflictos internos graves ni tientan a potencias extranjeras. Pero las cosas cambian radicalmente en cuanto aparecen la modernidad, la sociodiversidad pronunciada o una gran riqueza natural. Cuando esto ocurre suceden cambios imprevisibles.
La modernidad, la innovación técnica y la gran diversidad social van acompañadas de cambios sociales impredictibles. La primera favorece el cambio, por dar rienda suelta a la creatividad, la que consiste, precisamente, en inventar cosas, procesos e ideas nunca pensados antes. Y la gran diversidad social, sobre todo si consiste en desigualdades pronunciadas de acceso al poder económico, político o cultural, genera conflictos de resultado incierto. Baste recordar las grandes revoluciones sociales y los trágicos conflictos bélicos de los últimos dos siglos. Nadie predijo la Revolución Rusa, el ascenso del nazismo al poder, la gran alianza contra el Eje fascista, o la implosión del Imperio Soviético. En nuestros días, al ordenar la tercera invasión del Líbano, Ehud Olmert, primer ministro israelí, pofetizó “un nuevo Medio Oriente” al terminar la operación. Treinta y tres días después, al ordenar la retirada de las tropas invasoras, las que no habían hecho sino matar y destruir, Olmert confesó que su ánimo se había tornado “sombrío, humilde y pesimista”.
Pese a los fracasos sucesivos de las profecías desde los tiempos bíblicos, millones creyeron en la profecía cristiana del fin del mundo, en la marxista de la bancarrota del capitalismo y en la neoliberal de la prosperidad que causaría el libre comercio, pero que no le llegó al Tercer Mundo. Otros creyeron en la profecía del primer presidente Bush, quien en 1990 afirmó que el precio del petróleo bajaría al ganar la Guerra del Golfo. De hecho, desde entonces ese precio subió de 20 a 70 dólares por barril, debido en parte a la política exterior de su hijo.
La única región del mundo acerca de la cual me atrevo a hacer una predicción, por cierto sombría, es el llamado Medio Oriente, que en realidad es próximo. Esta ha sido una región conflictiva desde el colapso del Imperio Otomano porque flota sobre el mar de petróleo más vasto del planeta, porque el petróleo es muy codiciado por todos los países, y porque hay una sola potencia capaz de controlarlo o incluso poseerlo por la fuerza sin que le importe violar una y otra vez el derecho internacional. Por este motivo me atrevo a profetizar que el Oriente Medio seguirá siendo conflictivo, aunque se firmen docenas de tratados, mientras le quede un barril de petróleo.
En resumen, es posible acertarla con predicciones en pequeña escala y a corto plazo, así como con predicciones referentes a recursos naturales. En cambio, no es posible acertarla con profecías sociales grandiosas. Esto se debe a que no conocemos las leyes de la historia, y ni siquiera sabemos si las hay.
6 Engaños
El día siguiente al atentado terrorista del 11 de setiembre de 2001, el titular de la primera plana de The New York Times ponía: “Los EE.UU. bajo ataque.” Esto daba la impresión de que se trataba de un nuevo Pearl Harbor: que la nación norteamericana estaba en guerra porque había sido atacada por otra potencia, la que ahora se llamaba “terrorismo”. Era la guerra contra el Terror, enemigo sin territorio ni gobierno, pero no menos temible por ello, y que exigía la movilización del pueblo: leyes de emergencia, recursos extraordinarios y, sobre todo, unión en torno al Líder del Mundo Libre, el presidente George W. Bush, reelecto un año después pese a su incompetencia.
Esa presunta noticia fue falsa porque, por definición, guerra es conflicto armado entre dos naciones con sus respectivas fuerzas armadas, y en este caso había una sola nación, y el enemigo no era una fuerza armada sino una minúscula banda de criminales fanáticos no identificados. Es como si el gobierno español hubiera afirmado que estaba en guerra con ETA, hubiera bombardeado y ocupado el sur de Francia por albergar a etarras, y hubiera construído una prisión política para vascos sospechosos en una ex-colonia africana, para “interrogarlos” y sustraerlos a la justicia española.
Como dice George Soros en su último libro, The Era of Fallibility, la “guerra al terror” no es sino una metáfora políticamente conveniente. Tanto, que engañó al pueblo norteamericano, recortó las libertades civiles, dividió, entonteció y desarmó a la oposición, prometió un torrente inagotable de petróleo barato, e hizo regalos colosales al puñado de empresas amigas de la Casa Blanca. Años después el mismo gran periódico admitió la falsedad de su “información” de que Irak poseía armas de destrucción masiva y había participado en el ataque 9/11. Pero ya era demasiado tarde: ya habían sido agredidas y ocupadas dos naciones, ya habían muerto decenas de miles de civiles inocentes, ya habían sido irreversiblemente arruinadas las vidas de centenares de miles de personas, y ya habían sido reducidas a escombros centenares de hospitales, escuelas, centrales eléctricas, plantas purificadoras de agua, fábricas, puentes, y casas privadas. O sea, ya se habían cometido innumerables crímenes de guerra. Sin embargo, estas operaciones en nombre de la libertad y la democracia le ganaron a George W. Bush y su partido una nueva victoria electoral. Un vez más, la alquimia política había transmutado a comediantes y delincuentes en grandes estadistas.
El engaño político es particularmente exitoso y repugnante cuando va disfrazado de cruzada moral, cuando los líderes les dicen a sus conciudadanos: “Nosotros somos buenos, y ellos son malos, de modo que nuestra guerra con ellos es una cruzada del Bien contra del Mal”. El escéptico sabe que cada uno de nosotros es medio ángel y medio demonio, Doctor Jekyll de día y Mister Hide de noche, bueno en el hogar y malo en el trabajo o al revés. Por lo tanto, el escéptico les exige a los políticos maniqueos que le digan claramente en qué aspectos “nosotros” somos buenos y en cuáles “ellos” son malos. Puede ocurrir que no haya gran diferencia moral entre ambos bandos, y que su conflicto no sea moral sino material: que no se trate del Bien sino de bienes, tales como tierra, agua, petróleo y mercados.
Otra cruzada en que están empeñados miles de politicos profesionales es la promoción de la libre empresa y el libre comercio, pese a que ninguno de ellos han hecho progresar a los países subdesarrollados. Los Vargas Llosa, el novelista justamente famoso y su hijo Alvaro, militan en esta cruzada. Vargas Llosa hijo ha acusado a los izquierdistas latinoamericanos de ser idiotas por persistir en el error socialista y no comprender los beneficios del llamado neoliberalismo, que no es sino la tentativa de volver al capitalismo desenfrenado del siglo XIX. Otro hijo famoso, el del padre del capitalista más poderoso del mundo, disiente. En efecto, Bill Gates declaró hace poco, en la famosa audición de Bill Moyers, que, si bien el capitalismo había sido una bendición para el primer mundo, había resultado una maldición para el tercero. El escéptico ingenuo queda en la duda: ¿cuál de los dos hijos será el idiota, Bill o Alvarito?
Finalmente, no hay engaño exitoso sin autoengaño de otros: Don Juan cuenta con el autoengaño del cornudo. Los niños que se enrolaron en la Cruzada de los Niños creyeron que se ganarían el paraíso al ir a rescatar el Santo Sepulcro de manos de los infieles; millones de ciudadanos soviéticos creyeron que estaban construyendo el “socialismo real”, cuando de hecho se estaban sacrificando por el socialismo de Estado; los mandatarios chinos siguen llamándose a sí mismos comunistas al mismo tiempo que favorecen el ensanchamiento del abismo entre ricos y pobres; y millones de norteamericanos creyeron a su presidente cuando les aseguró que la dictadura irakí poseía armas de destrucción masiva que amenazaban su derecho sagrado al petróleo ajeno.
El escéptico procurará mantener en buen estado a su detector de mentiras, para no dejarse extraviar por cantos de sirenas de afuera ni de adentro. Pero, contrariamente a Odiseo (a) Ulises, no se amarrará al mástil de su barco dejando que éste navegue a la deriva, sino que empuñará el timón para seguir buscando la verdad.
7 Pagarés
Todo político tiene que firmar pagarés, o sea, hacer promesas. Si es honesto, los firmará creyendo que podrá levantarlos, aun sabiendo que pueden ocurrir acontecimientos inesperados, tales como sequías prolongadas y agresiones extranjeras, que le impidan cumplir su palabra.
Lenin prometió que la combinación de poder soviético con electrificación gestaría el socialismo, pero éste nunca llegó. Hitler prometió un reino milenario, el que no duró sino 12 años. Durante la segunda guerra mundial Roosevelt y Churchill prometieron un mundo sin miedo, en vísperas del peor susto que sufrió la humanidad desde el año 1.000: la amenaza de guerra nuclear. Perón prometió la justicia social, la que jamás llegó. Y ahora Bush promete regalarles libertad y democracia a todos los pueblos, aunque no las quieran. No hay como firmar pagarés políticos para omnubilar el espíritu crítico
Ocasionalmente el político ambicioso, aunque básicamente honesto, firmará pagarés literalmente a diestra y siniestra, para obtener el apoyo de grupos políticos de idearios muy diferentes del suyo propio. Si triunfare, se encontrará con la imposibilidad de cumplir con los diestros sin ofender a los siniestros y recíprocamente. Esto le ocurrió a Arturo Frondizi, el primer presidente constitucional argentino después de la caída de Perón. No sólo no pudo levantar todos los pagarés que había firmado, sino que se topó con los tres enemigos tradicionales de la democracia latinoamericana: las fuerzas armadas, la Iglesia católica y el servicio norteamericano de espionaje.
El ciudadano con ojo escéptico intentará averiguar qué pagarés ha firmado su candidato, así como estimará la posibilidad que tiene de levantarlos. Si le parece que ha prometido demasiado a demasiada gente, se lo hará saber, para que el candidato se desligue a tiempo de algunos compromisos. Siempre es preferible conservar el capital político bien habido a malgastar el malhabido.
8 Maquiavelismo
Niccolò Machiavelli fue uno de los más grandes politólogos de todos los tiempos, pero también fue un técnico siniestro de la manipulación política. Lo que hoy llamamos maquiavelismo puede resumirse en el consejo utilitarista “El fin justifica a los medios”. En otras palabras, la receta es armarse de insensibilidad moral.
Es moralmente insensible el que pasa por alto la pobreza, la violencia, la corrupción y la ignorancia, pero en cambio exige sacrificios para mayor gloria de Dios, de la patria o de un ideario. Un movimiento político es moral si y sólo si se propone sinceramente mejorar el estilo de vida de las gentes, o sea, si es democrático y progresista, porque en tal caso es prosocial. En cambio, un movimiento político es inmoral si es antisocial, o sea, si favorece los intereses de una minoría a costillas de la mayoría. Acabo de plagiar a Alexis de Tocqueville, a casi dos siglos de distancia.
Sin embargo, ¡ojo escéptico!, porque un político puede abogar de buena fe por fines morales al mismo tiempo que emplea medios inmorales para conseguirlos. Primer ejemplo: el igualitario que practica el elitismo al sostener la necesidad de una dictadura para imponer la igualdad. Segundo ejemplo: el demócrata que pretende imponer la democracia a tiros o a dólares. Tercer ejemplo: el liberal que ejerce la censura para impedir la discusión y difusión de ideas reaccionarias o socialistas.
En conclusión, el escéptico examinará no sólo las metas de un movimiento político sino también los medios de que se vale para alcanzarlos. De lo contrario se hará cómplice de alguna de las grandes hipocresías de nuestro tiempo: la guerra para acabar con las guerras, la dictadura para realizar la emancipación, el centralismo democrático, y la invasión para difundir la democracia. Para hacer una tortilla hay que romper huevos, pero frescos, no podridos, ni menos aun cuando están siendo empollados.
9 Crímenes
En política, igual que en la vida cotidiana, se cometen errores morales, o sea, acciones antisociales, que son las que benefician al actor en perjuicio de otros. Los errores morales pueden ser voluntarios o involuntarios, de comisión o de omisión. Cuando el daño consiste en la muerte de inocentes, o en la destrucción de cosas muy necesarias para otros, tales como hospitales, fuentes de energía y puentes, el error es un crimen.
De todos los errores morales deliberados, el peor es la agresión, de cualquier tipo y a cualquier escala. Y de todas las agresiones la peor es la armada, particularmente la agresión armada en gran escala, o sea, la guerra, ya que es asesinato al por mayor. Ya en 1870 mi compatriota, Juan Bautista Alberdi, escribió un libro titulado El crimen de la Guerra, que tendrían que leer los filósofos y teólogos que escriben sobre la Guerra justa, cuando de hecho a lo sumo hay un bando justo en una Guerra.
Pese a que la agresión militar es un crimen prohibido por la Carta de las Naciones Unidas, sigue habiendo guerras y se sigue usando el símil bélico para nombrar campañas de distintos tipos: guerra a la droga, al crimen, al SIDA, al analfabetismo, etc. En cuanto se habla de guerra, literal o metafórica, se puede recurrir al patriotismo, ya auténtico, ya fabricado ad hoc para privar a la gente de su facultad crítica, de su juicio moral, o de su libertad.
Por todo esto es escandaloso que sean tan pocos los filósofos morales que hayan condenado la guerra; que los cursos universitarios de ética le dediquen mucha menos atención que al caso proverbial del padre que roba un pan para alimentar a sus hijos hambrientos; y que los fundamentalistas cristianos no se manifiesten contra la guerra, el crimen máximo, ni voten contra quienes la inician, en lugar de desfilar contra el aborto y el matrimonio homosexual.
Es característico de los guerreros de sillón, desde los políticos que organizaron la primera masacre mundial hasta nuestros días, el que todo lo vean en términos de victorias y derrotas, nada en términos morales. Por ejemplo, en el documental “The fog of war”, dedicado a la vida pública de Robert S. McNamara, éste confiesa haber cometido varios errores al organizar la guerra contra Vietnam en su calidad de secretario de defensa de los presidentes Kennedy y Johnson, pero rechaza categóricamente la acusación de haber cometido crímenes de guerra, pese a haber ordenado el bombardeo indiscrimnado de poblaciones civiles, la fumigación con “agente naranja”, el desmantelamiento de aldeas, y muchos otros actos prohibidos explícitamente por la Convención de Ginebra y la Carta de las Naciones Unidas. Las personas normales, en cambio, sabemos que la agresión bélica es criminal y por lo tanto inmoral.
Con el pretexto de que la mejor defensa es la agresión, a menudo el agresor alega que dispara primero para defenderse mejor. Se habla así de guerra preventiva, se invade países enteros para aprehender a un puñado de terroristas y, con el pretexto de la seguridad, se cercenan las libertades civiles. A los ojos del escéptico, la guerra, ya auténtica, ya metafórica, es un delito que sólo conviene a unas pocas compañías y a los políticos que medran con la credulidad del ciudadano.
10 Moralejas escépticas
Terminaré enunciando un puñado colmado de moralejas escépticas.
- Confundir deliberadamente es estafar. No se deje estafar.
- Errar es humano, pero persistir en el error es estúpido o criminal. Corrija sus errores antes de que lo tomen por tonto o por canalla.
- En política, exagerar para cualquiera de los dos lados es peligroso. No arriesgue el pellejo subestimando, ni haga el ridículo exagerando.
- Las predicciones políticas son azarosas porque no conocemos leyes históricas. Desconfíe de quien le ofrezca venderle el futuro, sobre todo en cuotas de sangre.
- En política las palabras sirven, ya para informar, ya para engañar. No sea ingenuo: tome con pinzas y examine todo lo que le digan, y recuerde que el mentiroso mayorista suele ser premiado y recordado, ya injustamente como gran hombre, ya justamente como gran rufián.
- Antes de aceptar un pagaré político averigüe si el firmante es solvente y si su pasado inspira confianza.
- Desenmascare el maquiavelismo: contribuya a moralizar la política. A buenos fines, buenos medios.
- Recuerde que la agresión armada, por justificada que parezca, es un crimen. Y que este crimen se da en dos variedades: de abajo y de arriba (o terrorismo de Estado). El terrorista de abajo puede caer bajo el Código Penal, mientras que al de arriba le cabe el Código de Nüremberg. En resumen, cuando oiga la palabra ‘guerra’, desconfíe: acuda al diccionario y averigüe quién es el auténtico enemigo y cómo combatirlo sin cometer crímenes de guerra.
Metamoraleja: Desconfíe de todas las moralejas, icluso las que acaba de leer, pero no se deje paralizar por la desconfianza. La duda sacude y la crítica quiebra, pero para que haya algo que sacudir o quebrar es preciso empezar por construirlo. (En inglés queda más bonito: Doubt shakes and criticism breaks: Neither makes, and making is what counts.) Para que sirva, el escepticismo no debe ser una doctrina sino una fase de la investigación.
miércoles, 20 de febrero de 2008
MEMORIA HISTÓRICA
Rajoy prometió el pasado 26 de enero en Toledo "recuperar el espíritu de la transición" para los comicios del 2008.
Está claro que lo cumplen con creces. Aunque lo que no dicen es que la estrategia que han rescatado no es precisamente la de los "Padres de la Constitución"...
martes, 12 de febrero de 2008
"YES WE CAN"
Will.i.am, líder del grupo afroamericano Black Eye Peas, escuchó emocionado a un candidato que en lugar de atacar a su rival tras perder en aquel Estado, lanzaba un discurso cargado de esperanza: "Sabemos que el camino será largo, pero recuerda que por muchos obstáculos que haya en el camino, nada puede frenar el poder de millones de voces que claman por el cambio". Y con esas palabras y el resto de aquel poderoso discurso, escribió la letra de una canción cuyo vídeo se colgó en YouTube hace apenas unos días pero que ya figura entre los más vistos de la Red con más de dos millones de visitas.
lunes, 11 de febrero de 2008
DEFENDER LA ALEGRÍA

defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.
martes, 5 de febrero de 2008
PEQUEÑO MANUAL DE DEBATE PARA POLÍTICOS DE IZQUIERDAS
O cómo se debe debatir con los conservadoresCUESTIONES BÁSICAS
Ten buen humor.
Ten buen talante.
Mantén la calma. Ellos ganan cuando consiguen que grites o que pierdas el control.
Mantén el tipo.
Actúa siempre a la ofensiva, nunca a la defensiva.
No te hagas la víctima. No refunfuñes. No te quejes. No supliques.
Un empate con dignidad es una victoria para nosotros.
EL DEBATE CIVILIZADO…
- Muestra firmeza, calma, capacidad de razonar, realismo, amor a nuestra ciudad/región/país, conocimiento de los hechos fundamentales y una actitud que refleje que te consideras igual a los demás, no superior.
- Empieza siempre hablando de los valores, preferentemente de los valores que todos compartimos. Intenta ganar la partida en el terreno de los valores.
- Trata con respeto a los conservadores, cuando les des la réplica. Nadie te escuchará si no lo tratas con respeto. Sé honesto. Evita los golpes bajos.
- Es posible que tu oponente utilice un lenguaje que quiere decir lo contrario de lo que dice, es decir, el llamado lenguaje orwelliano. Utiliza tú un lenguaje que describa con precisión lo que él está diciendo.
Por ejemplo: Cuando Pizarro dice que “hace falta un nuevo modelo de compensaciones y protección social, en el que recibiría más fondos quien fuera más productivo”, realmente está proponiendo “privatizar las pensiones”.
- Cuando oigas el lenguaje orwelliano observa de dónde surge, porque es una guía para saber en qué son vulnerables.
- No esperes convencer a los conservadores incondicionales.
- Los conservadores han caricaturizado a los progresistas haciendo que parezcan débiles, irritados, intelectualmente flojos, poco patriotas, desinformados y elitistas. Que no creen un estereotipo tuyo en ninguno de esos sentidos.
- Utiliza, si puedes, cuestiones polémicas, a modo de cuña. Casos en los que tu oponente traicionará alguna de sus creencias, diga lo que diga.
APRENDE A ENMARCAR
Los marcos las estructuras mentales con las que los seres humanos interpretamos la realidad (y con las que, a veces, nos inventamos la realidad). Como consecuencia de ello, conforman las metas que nos proponemos, los planes que hacemos, nuestra manera de actuar y aquello que cuenta como el resultado bueno o malo de nuestras acciones. Toda palabra evoca un marco.
Por ejemplo, cuando hablamos del estado del bienestar, esto evoca un determinado modo de entender las políticas públicas. Se puede decir que utilizar ese término encaja en un marco progresista.
- Una vez que tu marco se acepta dentro del discurso, todo lo que dices es sencillamente sentido común.
- Decir sólo la verdad, no funciona.
- Pensar de modo diferente requiere hablar de modo diferente. Cuando hay que discutir con el adversario: no utilices su lenguaje.
- Cuando negamos un marco, evocamos el marco.
- Sé sincero. Utiliza marcos en los que realmente crees, basados en valores que realmente defiendes.
- No te limites a negar las reivindicaciones de otras personas; REENMARCA. Los marcos prevalecen sobre los hechos. Los marcos de él se mantendrán y los hechos rebotarán. Reenmarca siempre.
- No respondas nunca a una pregunta enmarcada desde el punto de vista de tu oponente. El estilo de discurso corriente requiere que contestes directamente a las preguntas que te han hecho. Eso es una trampa.
- Es posible que un oponente no sea sincero cuando su verdadero objetivo no es el que dice. Hazle ver con educación cuál es ese objetivo, y después reenmarca.
EN CAMPAÑA
- Una campaña política no es una campaña de marketing y el candidato no es un producto.
- Huye de los montajes mediáticos. Si el juego está trucado de antemano, no te prestes al juego.
- Empieza siempre hablando de los valores, preferentemente de los valores que todos compartimos. Intenta ganar la partida en el terreno de los valores: La gente no vota por sus intereses, vota por sus valores, por su identidad, por aquellos con los que se identifican.
- Cuenta historias. Búscate una buena colección de historias que funcionen.
LA GUERRA CULTURAL
Esta es la estrategia neocon mundial. Es una guerra conducida con todo lo imaginable, excepto munición real, contra los progresistas, a los que nos retrata como una amenaza para las identidades culturales, religiosas y personales de los conservadores. Sin esta guerra cultural, los conservadores no pueden ganar. No es una situación de crispación pasajera, es una estrategia PERMANENTE.
- Nuestra meta es unir a los ciudadanos entorno a unos valores. Los ideólogos de la derecha quieren dividir a la población mediante una fea guerra cultural. Nosotros ganamos con un discurso civilizado y una conversación abierta y respetuosa.
- Evita los debates a gritos. Recuerda que la derecha radical plantea una guerra cultural y que los gritos son la forma de discurso de esa guerra. El discurso civilizado es la forma de discurso de la moral progresista. Obtienes una victoria cuando el discurso se convierte en discurso civilizado.
