miércoles, 31 de agosto de 2011

La fiesta y la cruzada

La Prensa - Mario Vargas Llosa - 28/08/2011

“Durante mucho tiempo se creyó que con el avance de los conocimientos y de la cultura democrática, la religión, esa forma elevada de superstición, se iría deshaciendo, y que la ciencia y la cultura la sustituirían con creces. Ahora sabemos que esa era otra superstición que la realidad ha ido haciendo trizas”.

Bonito espectáculo el de Madrid invadido por cientos de miles de jóvenes procedentes de los cinco continentes para asistir a la Jornada Mundial de la Juventud que presidió Benedicto XVI y que convirtió a la capital española por varios días en una multitudinaria Torre de Babel. Todas las razas, lenguas, culturas, tradiciones, se mezclaban en una gigantesca fiesta de muchachas y muchachos adolescentes, estudiantes, jóvenes profesionales venidos de todos los rincones del mundo a cantar, bailar, rezar y proclamar su adhesión a la Iglesia católica y su “adicción” al papa (“Somos adictos a Benedicto” fue uno de los estribillos más coreados).

Salvo el millar de personas que, en el aeródromo de Cuatro Vientos, sufrieron desmayos por culpa del despiadado calor y debieron ser atendidas, no hubo accidentes ni mayores problemas. Todo transcurrió en paz, alegría y convivencia simpática. Los madrileños tomaron con espíritu deportivo las molestias que causaron las gigantescas concentraciones que paralizaron Cibeles, la Gran Vía, Alcalá, la Puerta del Sol, la Plaza de España y la Plaza de Oriente, y las pequeñas manifestaciones de laicos, anarquistas, ateos y católicos insumisos contra el Papa provocaron incidentes menores, aunque algunos grotescos, como el grupo de energúmenos al que se vio arrojando condones a unas niñas que, animadas por lo que Rubén Darío llamaba “un blanco horror de Belcebú”, rezaban el rosario con los ojos cerrados.

Hay dos lecturas posibles de este acontecimiento, que “El País” ha llamado “la mayor concentración de católicos en la historia de España”. La primera ve en él un festival más de superficie que de entraña religiosa, en el que jóvenes de medio mundo han aprovechado la ocasión para viajar, hacer turismo, divertirse, conocer gente, vivir alguna aventura, la experiencia intensa pero pasajera de unas vacaciones de verano. La segunda la interpreta como un rotundo mentís a las predicciones de una retracción del catolicismo en el mundo de hoy, la prueba de que la Iglesia de Cristo mantiene su pujanza y su vitalidad, de que la nave de San Pedro sortea sin peligro las tempestades que quisieran hundirla.

Una de estas tempestades tiene como escenario a España, donde Roma y el gobierno de Rodríguez Zapatero han tenido varios encontrones en los últimos años y mantienen una tensa relación. Por eso, no es casual que Benedicto XVI haya venido ya varias veces a este país, y dos de ellas durante su pontificado. Porque resulta que la “católica España” ya no lo es tanto como lo era. Las estadísticas son bastante explícitas. En julio del año pasado, un 80 por ciento de los españoles se declaraba católico; un año después, solo 70 por ciento. Entre los jóvenes, 51 por ciento dicen serlo, pero solo 12 por ciento aseguran practicar su religión de manera consecuente, en tanto que el resto lo hace solo de manera esporádica y social (bodas, bautizos, etcétera). Las críticas de los jóvenes creyentes —practicantes o no— a la Iglesia se centran, sobre todo, en la oposición de esta al uso de anticonceptivos y a la píldora del día siguiente, a la ordenación de mujeres, al aborto, al homosexualismo.

Mi impresión es que estas cifras no han sido manipuladas, que ellas reflejan una realidad que, porcentajes más o menos, desborda lo español y es indicativo de lo que pasa también con el catolicismo en el resto del mundo. Ahora bien, desde mi punto de vista esta paulatina declinación del número de fieles de la Iglesia católica, en vez de ser un síntoma de su inevitable ruina y extinción es, más bien, fermento de la vitalidad y energía que lo que queda de ella —decenas de millones de personas— ha venido mostrando, sobre todo bajo los pontificados de Juan Pablo II y de Benedicto XVI.

Es difícil imaginar dos personalidades más distintas que las de los dos últimos papas. El anterior era un líder carismático, un agitador de multitudes, un extraordinario orador, un pontífice en el que la emoción, la pasión, los sentimientos prevalecían sobre la pura razón. El actual es un hombre de ideas, un intelectual, alguien cuyo entorno natural son la biblioteca, el aula universitaria, el salón de conferencias. Su timidez ante las muchedumbres aflora de modo invencible en esa manera casi avergonzada y como disculpándose que tiene de dirigirse a las masas. Pero esa fragilidad es engañosa pues se trata probablemente del Papa más culto e inteligente que haya tenido la Iglesia en mucho tiempo, uno de los raros pontífices cuyas encíclicas o libros un agnóstico como yo puede leer sin bostezar (su breve autobiografía es hechicera y sus dos volúmenes sobre Jesús más que sugerentes). Su trayectoria es bastante curiosa. Fue, en su juventud, un partidario de la modernización de la Iglesia y colaboró con el reformista Concilio Vaticano II convocado por Juan XXIII.

Pero, luego, se movió hacia las posiciones conservadores de Juan Pablo II, en las que ha perseverado hasta hoy. Probablemente, la razón de ello sea la sospecha o convicción de que, si continuaba haciendo las concesiones que le pedían los fieles, pastores y teólogos progresistas, la Iglesia terminaría por desintegrarse desde adentro, por convertirse en una comunidad caótica, desbrujulada, a causa de las luchas intestinas y las querellas sectarias. El sueño de los católicos progresistas de hacer de la Iglesia una institución democrática es eso, nada más: un sueño. Ninguna Iglesia podría serlo sin renunciar a sí misma y desaparecer. En todo caso, prescindiendo del contexto teológico, atendiendo únicamente a su dimensión social y política, la verdad es que, aunque pierda fieles y se encoja, el catolicismo está hoy día más unido, activo y beligerante que en los años en que parecía a punto de desgarrarse y dividirse por las luchas ideológicas internas.

¿Es esto bueno o malo para la cultura de la libertad? Mientras el Estado sea laico y mantenga su independencia frente a todas las iglesias, a las que, claro está, debe respetar y permitir que actúen libremente, es bueno, porque una sociedad democrática no puede combatir eficazmente a sus enemigos —empezando por la corrupción— si sus instituciones no están firmemente respaldadas por valores éticos, si una rica vida espiritual no florece en su seno como un antídoto permanente a las fuerzas destructivas, disociadoras y anárquicas que suelen guiar la conducta individual cuando el ser humano se siente libre de toda responsabilidad.

Durante mucho tiempo se creyó que con el avance de los conocimientos y de la cultura democrática, la religión, esa forma elevada de superstición, se iría deshaciendo, y que la ciencia y la cultura la sustituirían con creces. Ahora sabemos que esa era otra superstición que la realidad ha ido haciendo trizas. Y sabemos, también, que aquella función que los librepensadores decimonónicos, con tanta generosidad como ingenuidad, atribuían a la cultura, esta es incapaz de cumplirla, sobre todo ahora. Porque, en nuestro tiempo, la cultura ha dejado de ser esa respuesta seria y profunda a las grandes preguntas del ser humano sobre la vida, la muerte, el destino, la historia, que intentó ser en el pasado, y se ha transformado, de un lado, en un divertimento ligero y sin consecuencias, y, en otro, en una cábala de especialistas incomprensibles y arrogantes, confinados en fortines de jerga y jerigonza y a años luz del común de los mortales.

La cultura no ha podido reemplazar a la religión ni podrá hacerlo, salvo para pequeñas minorías, marginales al gran público. La mayoría de seres humanos solo encuentra aquellas respuestas, o, por lo menos, la sensación de que existe un orden superior del que forma parte y que da sentido y sosiego a su existencia, a través de una trascendencia que ni la filosofía, ni la literatura, ni la ciencia, han conseguido justificar racionalmente. Y, por más que tantos brillantísimos intelectuales traten de convencernos de que el ateísmo es la única consecuencia lógica y racional del conocimiento y la experiencia acumuladas por la historia de la civilización, la idea de la extinción definitiva seguirá siendo intolerable para el ser humano común y corriente, que seguirá encontrando en la fe aquella esperanza de una supervivencia más allá de la muerte a la que nunca ha podido renunciar. Mientras no tome el poder político y este sepa preservar su independencia y neutralidad frente a ella, la religión no solo es lícita, sino indispensable en una sociedad democrática.

Creyentes y no creyentes debemos alegrarnos por eso de lo ocurrido en Madrid en estos días en que Dios parecía existir, el catolicismo ser la religión única y verdadera, y todos como buenos chicos marchábamos de la mano del Santo Padre hacia el reino de los cielos.

miércoles, 13 de julio de 2011

Táctica y estrategia

Del blog de Dialoga Consultores

Quiero empezar con un precioso poema homónimo de Mario Benedetti.


Se trata, sin duda, de un precioso poema de amor. Nada que ver con la estrategia política ¿verdad? Sin embargo, recomiendo al lector que vuelva a leerlo, pero desde un punto de vista político. Yo lo hice una vez y no he encontrado un texto que explique mejor la diferencia entre táctica y estrategia y que, además, resuma muchos de los elementos principales de una buena estrategia en oposición.


No es casualidad. Como ya hemos comentado en alguna ocasión, la política tiene mucho que ver con las emociones y con la seducción y, por tanto, no es casualidad que la más breve y acertada expresión de una buena estrategia política venga de parte de uno de los mejores poetas en lengua hispana.



1. “Mi táctica es mirarte, aprender como sos, quererte como sos”
No debe haber nada más importante que saber exactamente como es nuestro votante. Debemos utilizar todas las herramientas que podamos permitirnos para averiguar qué hace, qué quiere, dónde está y cómo es.
Suele ganar las elecciones el candidato o el partido con el que más se identifican los votantes. En definitiva, el que consigue parecerse más a ellos y, por lo tanto, el mejor consejo para empezar esta lección de estrategia política del Maestro Benedetti es “estudia a tus votantes, aprende como son y quiérelos tal y como son, no como quieres que sean”

Un grupo en la oposición no debería escatimar, sin más limitación que la presupuestaria, evidentemente, en sondeos y estudios cuantitativos y cualitativos. Hay varios aspectos, que profundizaremos en otros apartados, de los que conviene tener la mayor información, y de mejor calidad: un buen mapa electoral, con un análisis cuantitativo y cualitativo de los resultados electorales a nivel de sección electoral, comparativa con los resultados electorales en contiendas anteriores; un buen targeting territorial y ciudadano, en base al análisis de los resultados con un informe de territorios-objetivo y de grupo de ciudadanos-objetivo; un detallado mapa de aliados, stakeholders y líderes de opinión, incluyendo los posibles colaboradores en el funcionariado; un conocimiento detallado de los recursos humanos y materiales del partido y de su disponibilidad; un buen análisis de debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades de los partidos y candidatos (incluyendo al nuestro); análisis cuantitativos y cualitativos periódicos, etc.

En definitiva, cuida y alimenta un buen laboratorio de inteligencia.


2. “Mi táctica es hablarte y escucharte, construir con palabras un puente indestructible”

Después del análisis de datos, lo siguiente que debe hacer un partido en oposición es construir un relato para los próximos cuatro años.


¿Qué significa “construir un relato”? La palabra de moda es storytelling, que no es más que el arte de contar historias.


Contar historias está en nuestra propia arquitectura cultural. Desde tiempo inmemorial hemos aprendido a formar parte de una comunidad a través de historias, ya fueran sagas, mitos o simplemente cuentos infantiles. El storytelling, como disciplina, surge en Estados Unidos en los años 90 y desde entonces su uso no ha hecho sino aumentar en el mundo de la comunicación y en el de la política.


A menudo, la tentación de los políticos, y con mayor frecuencia en los políticos progresistas, es la de hacer listas, creyendo que con eso los votantes caerán rendidos a sus pies. Se presentan ante el electorado con listas de inauguraciones, con inversiones y con balances de gestión de muchas páginas de extensión. Cuando pierden, estos políticos suelen decir eso tan socorrido de “lo hemos hecho bien, pero no lo hemos sabido comunicar”. En esta frase tan usada se esconde una gran verdad, pero también una enorme falacia. Ha existido un error de comunicación, pero no ha consistido en contar mal lo que se ha hecho, sino que, normalmente, habremos estado contando una historia que nadie había planificado, ni verificado, ni medido su eficacia.


Según Seth Godin, el inventor norteamericano del marketing viral, “el nuevo marketing tiene como objetivo contar historias, y no concebir realidades”, “según el mismo autor, “todo, en el personaje político, cuenta una historia, su ropa, su esposa, sus asesores…”


Este es el reto, planificar un relato coherente y que todos los elementos “cuenten” ese relato. Un relato de superación de dificultades, con héroes y con villanos y, recuerde, todo lo que haga, diga o deje de hacer o de decir, estará contando un relato sobre el que, si no ha hecho sus deberes, no tendrá ningún control.

Debemos recordar también que, en la actualidad, “comunicar es dialogar”. No basta con “vender” o “colocar” nuestro mensaje. Actualmente la política, o mejor dicho la ciudadanía, exige que exista retroalimentación en la comunicación con sus representantes.


Se le acercarán muchos consultores, más o menos profesionales, verdaderos gurús de la llamada política 2.0, que le venderán la importancia de estar en las redes sociales. Es normal, está de moda.


Dele la dimensión exacta a su campaña 2.0. Recuerde que este es un espacio en el que hay que estar, pero debemos evitar la tentación de pensar que la política 2.0 es la principal vía de contacto con los ciudadanos y ciudadanas. Según el último barómetro del CIS de junio de 2011, en España, el 62,1% de los españoles nunca utiliza Internet para obtener información acerca de la política o la sociedad. A menudo, las campañas 2.0 se limitan a emitir información a los propios militantes y simpatizantes, que estos comparten entre ellos mismos, en un círculo endogámico del que rara vez se sale para llegar a la inmensa mayoría de los ciudadanos, que son los que deben darle la victoria en una campaña electoral. Utilice su campaña 2.0 como una herramienta más para llegar a los ciudadanos, junto con otras, como la interlocución directa, el puerta a puerta, el voluntariado, etc. (eso que últimamente, adquirido de las campañas americanas, denominamos en el argot, como grassroots).


No olvide, por tanto, que las redes sociales no son un fin, sino un medio. No debe utilizar estas redes únicamente para vocear y amplificar su mensaje. Lo mejor que tienen estas herramientas es que nos van a dar la posibilidad de escuchar a nuestros vecinos, de llegar mucho más lejos de lo que lo podríamos hacer personalmente para escucharlos y demostrarles que nos importa lo que tienen que decirnos. Esa es la verdadera revolución digital de la política contemporánea: hoy gobernamos con los ciudadanos.


3. “Mi táctica es quedarme en tu recuerdo, no sé cómo, ni sé con qué pretexto, pero quedarme en vos”

Benedetti vuelve a tocar varios elementos claves: la notoriedad, el grado de conocimiento y el posicionamiento de nuestro partido y de nuestro candidato.


El grado de conocimiento y valoración son factores que suelen ser despreciados en muchas campañas electorales y, sin embargo, deben ser tenidos en cuenta. Si sus votantes no le conocen, no podrán tener una opinión sobre Vd. Si no lo valoran positivamente no será fácil que tengan la intención de votarlo, teniendo en cuenta que, de los que manifiestan la intención, no todos son los que depositan finalmente el voto en la urna. Si, además, Vd. espera que pasados cuatro años vuelvan a votarlo, deberá tener en cuenta que la fidelización casi siempre es inferior al voto anterior. Es decir que, partiendo del grado de conocimiento, todos los demás elementos tienden a decrecer. Si quiere que le voten, primero tienen que saber quién es.

 4. “Mi táctica es ser franco y saber que sos franca, y que no nos vendamos simulacros para que entre los dos no haya telón ni abismos”
No debemos mentir nunca y debemos cuidar que no exista lo que técnicamente se denomina “disonancia cognitiva”, es decir que lo que hacemos, decimos y somos mantenga siempre una coherencia.

Hemos de ser conscientes de lo exigente que es el votante con sus responsables políticos. Eso es un factor positivo, porque habla de la salud que goza nuestra democracia. Casi el 80% de los españoles, lo que más valora en un político es su honradez, hasta el punto de que más del 60% preferirían votar a un/a político/a honrado/a pero poco eficaz, a lo contrario.


Puede ser injusto, pero un responsable político hoy debe trasmitir imagen de integridad, o lo más probable es que se tenga que dedicar a otra cosa. Si ha decidido dedicarse a la política, recuerde que esto le va a implicar estar en el punto de mira de los ciudadanos y ciudadanas. Sea ejemplar en su comportamiento y haga siempre lo mismo que predica y, recuerde esta regla de oro: nunca, bajo ningún concepto, mienta. Si le pillan falseando la verdad, por nimio que pueda parecer en un principio, pocos se lo van a perdonar.


5. “Mi estrategia es en cambio más profunda y más simple. Mi estrategia es que un día cualquiera, no sé cómo ni sé con qué pretexto, por fin me necesites”
Y, por fin, hemos llegado a la estrategia. Es, en palabras de María José Canel, Catedrática de Comunicación Política de la Universidad Complutense de Madrid y prestigiosa consultora política, una campaña es “un proceso secuencial en el que tras el análisis del contexto o situación, se diseña el mensaje electoral, se comunica y, finalmente se evalúa”.

Una campaña electoral no es un periodo limitado por ley a los quince días anteriores a unas elecciones. Muchos expertos coinciden en que, principalmente desde la era Reagan, se ha acuñado e impuesto el concepto de “Campaña Permanente” para referirse a la utilización del cargo por parte de los elegidos para construir y mantener una amplia y suficiente base de apoyo popular (usando para ello los instrumentos de la comunicación política) a fin de abrirle espacios a sus programas y de lograr la victoria en la siguiente convocatoria electoral.


La estrategia, una vez fijada, no debe cambiarse. Puede cambiar de tácticas para adaptarse mejor a los acontecimientos, pero si tiene que cambiar de estrategia durante la campaña es que, probablemente, haya planificado mal y, si no le queda más remedio que corregir el rumbo, con casi total seguridad, lo va a pagar en las urnas.


Si gobierna, recuerde que su trabajo y el de sus asesores no ha concluido. No ha alcanzado la meta, sólo ha cubierto una etapa. Si, en cambio, se encuentra en su particular travesía del desierto desde los bancos de la oposición, contemplando como su adversario utiliza estas estrategias, prepárese todos los días, profesionalice su comunicación y espere a “que un día cualquiera, no sé cómo ni sé con qué pretexto”, por fin le necesiten. Recuerde que el éxito electoral no sólo depende de la campaña que haga, ni se puede evaluar una campaña exclusivamente por su resultado. Magníficas campañas y magníficos candidatos pueden fracasar estrepitosamente, y viceversa, pero, utilizando la estrategia y las herramientas adecuadas, con disciplina y tenacidad, cualquier día puede llegar su oportunidad. Procure estar preparado para cuando eso ocurra.

viernes, 8 de julio de 2011

Ausencia

Habré de levantar la vasta vida
que aún ahora es tu espejo:
cada mañana habré de reconstruirla.
Desde que te alejaste,
cuántos lugares se han tornado vanos
y sin sentido, iguales
a luces en el día.
Tardes que fueron nicho de tu imagen,
músicas en que siempre me aguardabas,
palabras de aquel tiempo,
yo tendré que quebrarlas con mis manos.
¿En qué hondonada esconderé mi alma
para que no vea tu ausencia
que como un sol terrible, sin ocaso,
brilla definitiva y despiadada?
Tu ausencia me rodea
como la cuerda a la garganta,
el mar al que se hunde.
Jorge Luis Borges

jueves, 19 de mayo de 2011

SEAMOS REALISTAS, PIDAMOS LO IMPOSIBLE

De http://www.cristinaperezgalvez.com/2011/05/19/seamos-realistas-pidamos-lo-imposible/


El 15 de mayo se convocaron hasta 60 manifestaciones por toda España bajo el lema “¡Democracia Real YA!”. Manifestaciones, en palabras de las organizaciones convocantes “contra políticos y banqueros”

Desde que empecé mis estudios universitarios compatibilicé mi militancia política en Juventudes Socialistas con mis estudios y, en 1999, entré a formar parte de la lista electoral del PSOE para las elecciones municipales de Tomares. He sido Delegada de Medio Ambiente y Salud ocho años y, los últimos cuatro, portavoz de la oposición en el Ayuntamiento de Tomares.

En la actualidad me presento como candidata a la Alcaldía de Tomares por mi partido.

Soy, por tanto, uno de esos políticos y políticas contra los que se manifestaron miles de ciudadanos y ciudadanas por todo el país y, sin embargo, cuando contemplo las fotos de las manifestaciones no puedo evitar sentirme, en gran medida, reflejada en muchos de los ojos de los manifestantes.

Supongo que muchas de las personas que lean este artículo se extrañarán ante lo que digo, pero he de confesar que comparto muchas de las inquietudes de estos ciudadanos indignados con las circunstancias del mundo que les ha tocado vivir y con los que entienden que somos los culpables, por acción o por omisión.

Yo también me he educado en la creencia de que la democracia debe ser el “gobierno del pueblo”, no sólo etimológicamente, y me indigno cuando veo un mundo en que el verdadero poder no está en manos de los ciudadanos.

Los miles de manifestantes de la jornada del domingo 15 de mayo estuvieron ejerciendo un derecho maravilloso, el de ciudadanía y los políticos, fundamentalmente los de izquierdas, deberíamos tener muy presente el mensaje que nos han hecho llegar.

En este preciso momento, en el que ciudades y pueblos de toda España están a punto de elegir quiénes deben ser sus gobernantes en los próximos cuatro años, los que podemos optar a dirigir los designios de nuestras localidades debemos enviar un mensaje alto y claro a todos nuestros vecinos y vecinas.

Es el momento de profundizar en la democracia mejorando la participación de los ciudadanos y ciudadanas en la vida política. Los políticos debemos desterrar el vicio de acordarnos de los ciudadanos sólo cuando hay elecciones.

Por responsabilidad, los políticos y políticas de este país debemos comenzar un proceso profundo de reflexión y entender estas manifestaciones, no como una agresión, sino como un oportunidad.

En mi caso particular, quise desde el primer momento predicar con el ejemplo y poner mi programa electoral en manos de la gente de Tomares y concurro a estas elecciones con el compromiso de cumplir los compromisos que ellos han manifestado y que hoy conforman mi programa de gobierno que se puede consultar en www.cristinaperezgalvez.com.

Para estar más cerca de los ciudadanos tendré una oficina itinerante que esté cada día de la semana en un barrio distinto de mi ciudad y pondré en marcha el Programa Juntos por Tomares, en el que mantendré reuniones semanales con mis vecinos, en sus domicilios particulares.

La transparencia no debe ser un opción programática sino la expresión de un derecho de los ciudadanos. Internet nos abre la posibilidad de que absolutamente toda la información municipal esté a disposición de todos nuestros vecinos, de forma sencilla y accesible.

Por último y, aunque creo que hay muchas personas interesadas en desprestigiar la política y los políticos para dañar la democracia, tengo cada vez más claro que los políticos debemos ser, en todo momento, ejemplares en nuestra vida pública y privada.

Los enemigos de la democracia son muchos y muy poderosos. Hoy los gobiernos del mundo entero parecen estar en manos de intereses particulares y los políticos no podemos resolver todos los problemas de los ciudadanos. Aquel político que nos prometa tener una solución para todo, o es un iluso, o sencillamente miente. Pero estoy convencida de que si renovamos la alianza entre los políticos y la ciudadanía nada, absolutamente nada podrá vencernos.

Es la hora de los ciudadanos. Ahora, vosotros y vosotras tenéis la palabra. El domingo 22 no nos bastará con estar indignados.

Cristina Pérez Gálvez

martes, 10 de mayo de 2011

NEUROLINGÜÍSTICA: Elecciones de laboratorio

Aurora Ferrer - Quo.es
"Dios está con nosotros, el diablo está con vosotros. Todos los libios están listos para el martirio. Vamos a ganar y vosotros vais a morir.” Las arengas del dirigente libio Muamar el Gadafi fundirían las estadísticas empleadas por Sentitext, un software que analiza la manera en que hablamos, la emoción negativa o positiva en los discursos. Esta herramienta, desarrollada por El Jardín de Junio en colaboración con Antonio Moreno y su equipo de lingüistas computacionales de la Universidad de Málaga, ha servido a Quo para medir la intensidad del discurso de los políticos españoles. Rubalcaba, Zapatero, Aguirre, Rajoy y el Rey don Juan Carlos han sido sometidos al más duro análisis lingüístico posible: el que valora fría y objetivamente la emoción contenida en sus discursos. Solo el del Rey aprueba con nota alta (un 7), Rajoy apenas pasa del aprobado, Rubalcaba y Esperanza Aguirre empatan, y Zapatero se salva... a medias.
Para el análisis de los discursos, Luis Castellanos, Director del proyecto de Sentitext, con Diana Yoldi, pedagoga investigadora a la cabeza del estudio, nos pidieron los discursos de los últimos cuatro meses de cada uno de ellos. El software, desarrollado a lo largo de cuatro años de trabajo, recoge 113 millones de palabras, a las que han dado una valoración del +5 al -5 según la emoción positiva o negativa que expresen, siempre atendiendo al contexto. Analizaron así 34 discursos de Zapatero, desde el de apoyo a los militares destinados en Afganistán al del acto conmemorativo el Día de la Mujer.
Rodríguez Zapatero: ‘sin talante’
Un 5,8 de media es su nota. Aprobado raspado. Ni una sola vez, en los 34 discursos que analizó Sentitext, el presidente pronunció la palabra “talante” que tan popular le hizo; sí empleó, sin embargo, “dignidad”, “compromiso” y “nuevo”, las palabras más positivas, según el software, en su oratoria. La media del discurso es algo superior a la de su oponente, Mariano Rajoy. Rodríguez Zapatero, como explica la investigadora de Sentitext Diana Yoldi: “Se esfuerza por utilizar términos que estimulan positivamente a los receptores”, y lo hace especialmente en el discurso más valorado entre los analizados por Sentitext, el que pronunció con motivo de la candidatura del Mundial de Fútbol 2018. Veamos algunas de las palabras que el software destaca como “especialmente positivas”: “España y Portugal atesoran una gran riqueza histórica y una gran riqueza cultural”. Pero en el análisis de los discursos del presidente, las palabras “positivas” son menos a medida que avanza su legislatura. La politóloga madrileña Aurora García Pérez explica por qué Zapatero perdió el “talante”: “El uso excesivo de términos optimistas le situaban en un plano de excesiva abstracción; su optimismo se veía como ilusión inverosímil. Su talante ponía en cuestión su verosimilitud”.
Rajoy ‘el neutralizado’
La media del presidente de la Oposición es anodinamente neutra: un 5,2, aprobado por los pelos. El que algunos ya visualizan como futuro presidente del Gobierno es el político que obtiene la media más baja, con cuatro de sus discursos muy negativos, especialmente el que recibe la nota de 4,42, correspondiente a su intervención en el debate de los Presupuestos Generales del Estado el 19 de octubre de 2010. Además, llama la atención que su intervención más positiva, de 5,9, sea la clausura del último Congreso del Partido Popular, un momento con sus colegas de partido idóneo para cerrar con un discurso enérgico y optimista, en lugar de pesimista y desesperanzador.
Como líder de la Oposición, su objetivo es criticar las decisiones erróneas del Gobierno, pero su discurso no tendría que ser tan negativo. Según Aurora García: “Siendo candidato para la presidencia, su crítica a la acción política del Gobierno debería ir acompañada de argumentos razonados y alternativas aceptables. Sin embargo, sus críticas son generalistas y con excesivos juicios de valor, donde enlaza temas que no tienen relación entre sí con una falta de argumentación y concreción total”. De hecho, el discurso de Rajoy es tan neutro que ni siquiera el uso de términos positivos como “libertad”, “prosperidad” y “confianza” tienen fuerza perlocutiva alguna por el contexto en que están situadas.
Si observamos las frases de sus discursos, vemos una crítica constante: “Usted ha hablado aquí de Aznar, del 98, del 96 y de nuestros pactos con el PNV. Pero, oiga, yo he venido aquí a hablar de lo que toca hablar hoy, la política económica del Gobierno, sus resultados y los presupuestos. Eso es de lo que he venido a hablar yo”. Aunque su discurso pudiera tener elocuencia, es demasiado pesimista para la audiencia.
La política no es lo que era
Ninguno de nuestros políticos cumple el Ratio Losada, según el cual, al expresarnos debemos decir 2,9 palabras positivas por cada una negativa. Cinco a una si es una conversación privada. Por otro lado, en las palabras negativas que más han pronunciado los políticos españoles estos meses tiene un protagonismo absoluto el término “crisis”, pero también “difícil”, “dificultad” y “problema”. Estas palabras negativas, lanzadas desde el “púlpito”, no están para nada compensadas con palabras positivas que animen a “luchar” contra la “crisis” y que nos alienten para trabajar y vivir con impulso constructivo.
Por contra, las positivas son de baja intensidad, comunes y hasta demasiado administrativas y empresariales, como “reforma”, “aprobación”, “consenso” y el nuevo uso empresarial del término “excelencia”.
¿Un 5 de media es con lo que tenemos que conformarnos? ¿No merecemos un discurso más... auténtico? Si Roosevelt y Churchill levantaran la cabeza… Pero veamos ahora las féminas; un 5,4 para la presidenta de la Comunidad de Madrid, que en su caso está más relacionado con los temas de sus discursos que con un estilo oratorio negativo.
Aguirre, la moderada
Sus vocablos positivos aumentan progresivamente cuando el tema lo precisa, como podemos ver en su discurso más intenso, el celebrado con motivo de la apertura de un nuevo centro de salud en Getafe en noviembre del año pasado: “Es una inversión importante para una política social importante como es la Sanidad, porque queremos que la salud de los ciudadanos de Getafe esté siempre atendida lo mejor posible”. La politóloga añade: “En líneas generales, su discurso se mantiene en valores positivos, dado que los temas preferidos están relacionados con la gestión política que realiza el Gobierno que preside. Los términos negativos los utiliza para censurar la acción política de sus adversarios”.
También les saca partido cuando quiere utilizarlos para censurar actos contrarios a su concepción de la ética pública, como el ofrecido en conmemoración del Holocausto, que precisamente figura como su discurso más negativo. Aquí recurre al uso de la tercera persona para distanciar al receptor de la acción negativa y a la primera persona del plural para compartir los aspectos positivos: “Las expresiones de esta judeofobia contemporánea se emboscan a veces bajo un humanitarismo progresista que niega a Israel su derecho a defenderse de un enemigo que alardea de su objetivo de destruir el Estado judío y la democracia, dondequiera que exista”.
Rubalcaba, ‘al habla’
La media de disertaciones del vicepresidente primero es de un 5,5, un lenguaje positivo pero muy cercano a la peligrosa neutralidad del 5. Usa pocas palabras negativas, “lo que da la impresión de que es una persona precisa que probablemente guarde sus recursos lingüísticos negativos para cuando sea estrictamente necesario”, afirma Diana Yoldi. También es cierto que las disertaciones de Rubalcaba están enfocadas a informar de lo que ocurre en el Consejo de Ministros, más que a provocar algún sentimiento en el receptor. Aunque esto sigue sin justificar la neutralidad del discurso: la transmisión del mensaje sería más eficaz si se diera en positivo.
El único momento en que Rubalcaba muestra un poco de emoción es en el acto de presentación del buque Río Segura de la Guardia Civil: “Les voy a pedir simplemente que sigan honrando ese uniforme que visten y del que no solo ustedes, sino todos los españoles, nos podemos sentir orgullosos”.
El discurso del Rey
Un 7 de media para el Rey, lo que no es solo una valoración positiva, sino que en comparación con nuestros gobernantes, don Juan Carlos merece matrícula de honor por el optimismo con que se dirige a nosotros: “Españoles, me llena de orgullo y satisfacción…” Esto es otra cosa. Independientemente del tema de su discurso, emplea un estilo lingüístico positivo. “Actos de condescendencia, palabras sencillas y cercanas destinadas a estimular una reacción positiva, dan como resultado una reacción emocional muy buena en el receptor”, afirma nuestra politóloga de referencia. Y es que los discursos del Rey están cargados de connotaciones emotivas, al objeto de compartir emociones y compromisos como miembros de una comunidad unida.
Su discurso más negativo, el de Navidad de 2010, no se debe al uso de palabras pesimistas, sino al intento de “hacer piña” en una comunidad que necesita rehabilitarse mediante el compromiso de todos nosotros: “Es preciso seguir adelante con empeño, ganar la batalla al paro con decisión, constancia y firmeza; mejorar en productividad y competitividad, en educación e innovación; y volver a situar nuestra economía con visión de futuro en el pelotón de cabeza, manteniendo nuestra protección y cohesión social”.
Optimismo contra Sabiduría
Un clásico de la psicología positiva, M. Seligman, estudió junto con H. Zullow qué tipo de presidente preferían los ciudadanos de EEUU. Analizaron todos los discursos que habían pronunciado los candidatos a la presidencia desde 1900 a 1984. ¡Sorpresa! Los resultados arrojaron que los 18 candidatos más optimistas fueron los elegidos en los 22 comicios que se celebraron en ese tiempo ¿Conclusión? Un 82% del electorado prefirió al aspirante que le transmitía más optimismo, lo que quizá explique por qué Rajoy aún no ha salido victorioso en unas elecciones.

jueves, 7 de abril de 2011

Una nueva ética social para el S.XXI

Desde Aristóteles y Spinoza hasta Heidegger, Sartre o Camus pasando por Kant, la ética, en tanto ciencia del comportamiento, como una introspección honda de los valores y vivencias que anidan en cada ser humano, se ha ido construyendo a lo largo de la historia y es objeto de la filosofía desde su mismo origen.

La sociedad industrial primero y la de la información y comunicación después, así como los rápidos avances en el conocimiento científico y técnico, han introducido una considerable variación en costumbres y aspectos morales que determinan nuevos matices en la vida y en la convivencia.

La posmodernidad ha aportado un ansia de exclusividad que confunde lo sustancial con lo aparente y en esa sociedad de la novedad, todo es efímero. Es una nueva versión del fanatismo que fructifica en insolidaridad, en el desprecio por el equilibrio con el entorno y en la explotación irracional de la naturaleza por el hombre, justificada por un más que dudoso y, desde luego, nada ético progreso.

En cuestiones fundamentales, el mundo ha cambiado poco, la explotación se ha vuelto más brutal. El aumento del poder adquisitivo conlleva una mejora en la calidad de vida acompañada de la generalización del consumismo como nueva religión. Los avances científicos que por un lado facilitan la vida, paradójicamente, aumentan las diferencias sociales haciendo a las nuevas mayorías cada vez más dependientes de las oligarquías dominantes. La economía actual no se encuentra al servicio de la humanidad, sino de unos pocos que ponen en jaque incluso a los propios Estados, obligándoles a tomar decisiones que no sólo van en contra de la mayoría de los ciudadanos, sino que están dirigidas exclusivamente a seguir aumentado los beneficios de la minoría. El dominio de los organismos de poder es cada vez mayor, los poderes reales y los poderes fácticos han adquirido un nivel global de poder que aleja cada vez más la posibilidad de control por parte del individuo, por no enfatizar que la manipulación informativa produce una sociedad cada vez mas sumisa y acrítica.

La precariedad, la incertidumbre, la desaparición de referentes hacen que se alcen de nuevo voces que reclaman reflexión y un nuevo paradigma social para afrontar estos nuevos retos.

Esta pos-modernidad globalizada, obliga a redefinir la manera de ser en el mundo y al establecimiento de nuevos códigos. Si queremos enseñar a nuestros hijos a pensar y crecer intelectual, emocional y moralmente; a vivir y convivir, siempre en un marco de tolerancia y unidad entre el ser y el hacer, entre pensar y actuar, se hace necesario una reacción épica a esta nueva moral dominante y a su razón imperante. Se trata de la lucha del hombre por mantenerse erguido.

Tanto en el siglo de las luces como en el XXI, reconocer a los demás como iguales, luchar por la libertad y buscar la fraternidad de los seres humanos en un mundo armónico han sido pilares de un comportamiento y un discurso ético y al mismo tiempo divisa de la masonería porque la ética implica una reflexión sobre la moral, un análisis crítico de esas reglas que nos permite llegar a conclusiones acerca de nuestro comportamiento social.

Esta postura ética implicaría la lucha por construir unas estructuras sociales que se basen en el Desarrollo Sostenible de todas las sociedades humanas; donde los recursos estén equitativamente distribuidos, y donde la compulsión consumista de Occidente, muchas veces asentada en la explotación de hombres y recursos de otros continentes, se frene y sea sustituida por un consumo responsable y racional.

Buena parte de los problemas de la humanidad se resolverían con una justa distribución de los recursos, con la ayuda real a un desarrollo económico para la población de los países afectados, y no para sus corruptos gobiernos.

¿Cuál es el método para alcanzar este objetivo?. Sin duda pasa por una educación integral que posibilite la capacidad crítica para volver a ser dueños de sí mismos. Por recuperar el poder del individuo en las democracias, porque la tolerancia guiada por la razón sea la única ley moral, el camino para refundar la idea de progreso de la Humanidad. Por forzar a nuestros Gobiernos desde una decidida actividad ciudadana a que primen en las relaciones internacionales el pleno respeto a los Derechos Humanos frente a los diferentes intereses financieros o estratégicos. Si queremos un mundo justo debemos comprometernos y actuar con justicia luchando por el ejercicio de nuestra libertad individual, alejando de nosotros ese gran enemigo interno que es el miedo.

En la esperanza de que la ilustración se imponga al fanatismo, la libertad de conciencia, la laicidad, la comprensión y la tolerancia deberán ser el mortero que una las piedras que deberemos aportar nosotros en la eterna construcción del templo.

La Masonería adogmática no existe sino por sus valores de libertad absoluta de conciencia, de tolerancia y de aspiración a la mejora material y moral de la humanidad. Defendemos que la piedra de toque para construir el siempre inacabado edificio, debe ser esa vieja roca firmemente tallada por aquellos que nos precedieron. Para afrontar los nuevos retos bastan las viejas herramientas, los principios del humanismo que se encuentran en la base de nuestra filosofía desde el mismo momento en el que nacimos como Órdenes y permanecen inmutables, los que deben alumbrar nuestro caminar por el tiempo y que no son otros que la libertad, la igualdad y la fraternidad.

El Espacio Masónico de España, como parte de la sociedad civil organizada, siempre trabaja y ofrece su apoyo en la difícil tarea de conseguir una sociedad más libre, más igualitaria y más fraterna.

Gran Logia Simbólica Española
Gran Logia Femenina de España
Federación Española de la Orden Masónica Mixta Internacional El Derecho
Humano
Gran Oriente de Francia

lunes, 4 de abril de 2011

El porvenir encubre dolores y alegrías

El porvenir encubre
Dolores y alegrías.
Paso a paso marchamos
Hacia delante siempre,
Sin que el temor nos rinda.
Allá, a lo lejos, muéstrase
Imponente una cúpula,
sobre la cual, arriba
Reposan las estrellas;
Y abajo, en paz, las tumbas.
Mas no haya temor; que arriba
Están llamándonos las voces
De los genios y maestros:
“No perdáis tiempo, mortales:
Servid al bien con denuedo”.
Aquí, en silencio perenne,
Téjense bellas coronas,
Que habrán de ceñir las sienes
De quien por el bien labora.
¡Animo, pues, y a la obra!
Johann Wolfgang von Goethe