martes, 10 de junio de 2008

LA PERSECUCIÓN DE LA MASONERÍA EN SEVILLA DURANTE LA GUERRA CIVIL Y EL FRANQUISMO

El Aula para la Recuperación de la Memoria Histórica inicia el XXII ciclo "La persecución de la masonería en Sevilla durante la Guerra Civil y el franquismo"
Las conferencias se celebrarán del 5 al 17 de junio en el Cuarto de la Montería del Real Alcázar de Sevilla con entrada gratuita.

El Aula para la Recuperación de la Memoria Histórica, que dirige el alcaide del Real Alcázar de Sevilla, Antonio Rodríguez Galindo, inicia el próximo jueves, 5 de junio de 2008, el XXII ciclo de conferencias dedicado a "La persecución de la Masonería en sevilla durante la Guerra Civil y el franquismo", que se desarrollará hasta el próximo 17 de junio, en el Cuarto de la Montería del Real Alcázar de Sevilla.

En este nuevo ciclo de 5 conferencias, que comenzarán a las 20:00 horas y de entrada libre, se tratará el asunto de la masonería, como depositaria de tradiciones de tolerancia, liberalismo y democracia, que fue perseguida a cargo del absolutismo y la Inquisición y posteriormente, a manos de los regímenes totalitarios, especialmente el franquismo.

En ese sentido, notables profesores y catedráticos de Geografía e Historia y de Lengua y
Literatura Española, participarán en este nuevo ciclo de conferencias en esta primera quincena junio y cuyo programa será el siguiente:
  • Jueves, 5 de junio, primera conferencia impartida por el catedrático de Geografía e Historia del IES Fernando de Herrera de Sevilla, Juan Ortiz Villalba, y que tratará sobre "La cruzada antimasónica del franquismo".
  • Martes, 10 de junio, segunda conferencia con el título "El discurso anti-masónico en Sevilla", que será ofrecida por la profesora titular de la Universidad Hispalense, María del Carmen Fernández Albendiz.
  • Jueves, 12 de junio, tercera conferencia a cargo de la catedrática de Geografía e Historia, María Victoria Fernández Luceño, con el título "La depuración de los médicos masones en Sevilla".
  • Lunes, 16 de junio, cuarta conferencia con el título "La depuración de los maestros y profesores masones en Sevilla", que impartirá el profesor de Geografía e Historia del IES Ruiz Gijón de Utrera, José Montaño Ortega.
  • Martes, 17 de junio, quinta y última conferencia en la que la catedrática de Lengua y Literatura Española, Maribel Cintas Guillén, ofrecerá la conferencia "Antonio Alonso Vital, masón y teósofo sevillano".

lunes, 12 de mayo de 2008

EL RETO URBANO DEL PSOE

Se trata de un gran clásico electoral: las capitales votan a la derecha; el campo y los núcleos industriales a la izquierda. Lejos de invertirse, las pasadas elecciones reafirmaron esta tendencia. Si atendemos al caso andaluz, que es el que tenemos más cercano, el PP venció en seis de las capitales de provincia, salvo Huelva y Sevilla, mientras que el PSOE sustentó su mayoría absoluta en los núcleos rurales y un nutrido grupo de ciudades medias.

Para analizar estos resultados, contamos con la inestimable ayuda de la edición por el Instituto de Estudios Sociales de Andalucía del volumen La sociedad andaluza (2000), a cargo del sociólogo “de cabecera” de Manuel Chaves, Manuel Pérez Yruela. Este estudio, nos deja una radiografía socio-política de la Andalucía actual donde se da la llamada “paradoja de la satisfacción”; es decir, el riesgo que surge de la existencia de una mayoría satisfecha que abarca a más del 40% de la población andaluza, integrada fundamentalmente por trabajadores de baja cualificación, obreros agrícolas, parados con cobertura, jubilados y habitantes de zonas rurales.

Frente a la visión optimista de la realidad andaluza que expresa este sector, otro 30%, integrado fundamentalmente por clase media o alta, profesionales, funcionarios, etcétera, tiene una visión más escéptica respecto del proceso de modernización de la realidad andaluza, aunque manifiesta hasta ahora un escaso interés en movilizarse activamente en una actitud crítica. Y no debe olvidarse a un tercer sector marginado, integrando un 11% de los andaluces, con una actitud claramente pesimista.
La primera parte satisfecha engrosaría el electorado tradicional del PSOE, mientras que la otra, en un sistema cada vez más tendente al bipartidismo, sería tendente a votar al Partido Popular.
En este sentido, la experiencia nos ha demostrado que pueden existir al menos dos causas fundamentales de la falta de éxito socialista en los núcleos urbanos de más de 300.000 habitantes:
  1. De una parte, el alto porcentaje de abstención entre los votantes progresistas españoles. Mucho más alto que el existente entre las filas de la derecha.
  2. Por otra parte, la falta de efectividad de la organización del Partido, para hacer llegar nuestro mensaje a las clases medias urbanas.
Como ya apuntaba César Molinas en su famoso artículo El poder decisorio de la 'izquierda volátil', “la creencia de que las elecciones generales en España son decididas por los votantes centristas es incorrecta. La evidencia empírica muestra que estos votantes, definidos como aquéllos cuyo voto oscila entre el PSOE y el PP, tienen escasa relevancia. Los votos decisivos son los de la izquierda volátil, aquellos que oscilan entre el PSOE, IU y la abstención. Esto equivale a decir -y sé que la equivalencia no es obvia- que en las elecciones generales el PP siempre juega en campo contrario: las puede ganar, pero lo tiene a priori cuesta arriba.” El artículo continúa coincidiendo con la clasificación que ha supuesto mi punto de partida. “En el último cuarto de siglo, España ha votado mayoritariamente izquierda. Desde 1982 ha habido siete elecciones generales. En seis de ellas la izquierda (PSOE, IU y sus antecesores) obtuvo entre un mínimo de 2,3 y un máximo de 3,5 millones de votos más que la derecha (PP, aliados regionales y sus antecesores). Sólo en las elecciones de 2000, que tuvieron la tasa de participación más baja de la actual etapa democrática 69%), la derecha superó en votos a la izquierda: la diferencia fue de 1 millón de votos”.
La evidencia nos muestra que estos votantes, definidos como aquéllos cuyo voto oscila entre el PSOE y el PP, tienen escasa relevancia. Los votos decisivos son los votos de izquierdas, es decir aquellos que suelen oscilar entre el PSOE, IU y la abstención. Lo que vendría a reafirmar lo que ya hemos expresado con anterioridad, que en las elecciones generales el PP siempre juega en inferioridad de condiciones.

Sin embargo, el reconocimiento de un punto de partida de ventaja potencial es engañoso, tenemos otro gran enemigo, que es precisamente la fragmentación de la izquierda sociológica. Este es un fenómeno que no sólo existe en España sino que, muy por el contrario está descrito a escala mundial. El problema estriba en que muchas de las personas que encarnan estos modos de pensar progresistas no reconocen que el suyo es precisamente un caso especial de algo más general, y no acaban de ver la unidad entre todos los tipos de progresistas. A menudo piensan que el suyo es el único modo de ser progresista, lo que nos impide que gentes que compartimos valores progresistas lleguemos a unirnos, lo cual suele ser imprescindible, ante el hecho de que la derecha ya se ha unido frente a nosotros.

Es por esto que, en las últimas campañas electorales el objetivo principal del PP ha sido el intentar que no acudieran a las urnas nuestros votantes potenciales, al mismo tiempo que mantenían motivados y fieles a los suyos.

De todo esto, debemos extraer una serie de conclusiones:
  1. La búsqueda del tan manido “centro político” es sólo válida como estrategia para la derecha que, al partir de posiciones alejadas de las tendencias políticas naturales de los españoles, necesitan suavizarse para poder tener una base electoral suficiente.
  2. Debemos articular en las grandes ciudades, mecanismos que busquen fundamentalmente combatir la abstención, para lo cual será necesario que nuestra estructura territorial sea capaz de cumplir con los siguientes objetivos:
    a. Debemos tener una estructura que se adapte mejor a la organización político-administrativa del estado. En la actualidad, por ejemplo, no existe un interlocutor único y autorizado del PSOE para cada administración territorial del Estado, lo que diluye nuestro esfuerzo.
    b. Debemos tener una organización enfocada fundamentalmente a movilizar a nuestro electorado en aquellos barrios donde suelen estar nuestros votos y en los que, curiosamente, la abstención sueles también ser bastante más alta que en los tradicionales de la derecha.
    c. Debemos superar, para las grandes ciudades, el modelo tradicional de agrupación local actual. Las agrupaciones locales es la actualidad viven de espaldas a su ámbito territorial de influencia, más preocupadas por preservar cuotas internas de poder que de estar en contacto con sus vecinos.

Resumiendo, el poder político debe estar en los mismos niveles que la administración territorial del estado, por lo que, si la administración que corresponde al gran municipio es el Ayuntamiento, el PSOE debería contar en tales municipios con una Agrupación municipal con autoridad y autonomía que sirviera de interlocutora con este nivel territorial. Por otro lado, el papel de la Agrupaciones Locales debería estar casi exclusivamente enfocado a la acción electoral permanente y de proximidad al ciudadano.

UNA ESTRATEGIA PARA LAS GRANDES CIUDADES

Otra gran asignatura pendiente del PSOE, prácticamente desde la década de los 90, es la ineficacia que hemos demostrado para hacer llegar nuestro mensaje a las clases medias urbanas. Nuestro discurso ha demostrado funcionar perfectamente en el medio rural pero, por alguna razón, parece no terminar entornos urbanos.

Los partidos progresistas en el mundo, sueles obtener mejores resultados electorales cuando son capaces de articular un discurso nítidamente progresista y claramente diferente del discurso que enarbola la derecha. Esto hemos sabido hacerlo muy bien en España a nivel nacional y en algunos niveles autonómicos.

En el lado contrario, la derecha ha venido sacando rentabilidad en aquellas elecciones en las que hemos caído en la trampa de acudir con un discurso que no se distinguía tan claramente del discurso del PP. En el ámbito municipal, por ejemplo, es frecuente caer en la trampa de la “gestión eficaz”, cuando a menudo lo que nuestro electorado potencial lo que nos demanda es que definamos un modelo de ciudad progresista diferente del modelo de la derecha.

En este sentido, podemos apuntar algunas claves para eliminar este problema:

  • Las grandes ciudades son un complejo entramado social. El partido necesita estructuras con una alta especialización técnica en distintas materias para poder afrontar el reto de reconquistar las grandes ciudades donde ejercen una enorme influencia una sociedad civil más fuerte y unos medios de comunicación mucho más poderosos.
  • La realidad de cada gran municipio es muy diferente. La situación actual hace que se generen discursos provinciales demasiado generales, cuando la realidad de la capital y del resto de la provincia no tienen nada que ver, o que las agrupaciones locales vayan diseñando programas por barrios, pero cuya acción se diluye en un sistema tan complejo como el de una gran ciudad. Deberíamos contar con estructuras capaces de generar estrategias propias de comunicación, de formación y de traslado a la ciudadanía de nuestras políticas.
  • Los socialistas hemos de trasmitir un mensaje nítido que no desoriente a nuestro electorado, fundamentalmente en tres áreas:
  • Apuesta firme por lo público, para lo que se hace necesario por fortalecer la independencia política y económica de las grandes ciudades.
  • El boom inmobiliario de los últimos años ha encarecido la vivienda en las grandes ciudades y ha llevado a muchos de nuestros votantes hacia las poblaciones periféricas, dejando las ciudades en manos de los más poderosos económicamente. La apuesta por las políticas de vivienda de protección oficial y la lucha contra la especulación deben ser una prioridad para nosotros.
  • Debemos mantener una posición particularmente responsable en algunas materias que la derecha utiliza demagógicamente para arrebatarnos nuestro electorado, como por ejemplo en inmigración.
  • Por último, existe un aspecto tremendamente importante. Necesitamos en las grandes ciudades estructuras de Partido estables y eficaces. No podemos permitir que se ponga en riesgo la labor de gobierno o de oposición por las permanentes tensiones entre Agrupaciones Locales, que se acaban configurando como “reinos de taifas”.

Nuestra estructura orgánica en las grandes ciudades, lejos de ayudarnos en nuestra tarea de acercarnos al ciudadano, parece entorpecer. La estructura orgánica no puede ser una distracción que nos lleve a dedicar más tiempo a ver cómo nos colocamos internamente que a ver cómo resolvemos los problemas de los ciudadanos y en las grandes ciudades debería estar enfocada casi exclusivamente a mejorar nuestros resultados electorales, por eso aplaudo desde este blog la iniciativa impulsada por la Ejecutiva Federal del PSOE de poner en marcha una nueva estructura organizativa para fortalecer el papel de las Ejecutivas Municipales en las ciudades de más de 250.000 habitantes.

jueves, 8 de mayo de 2008

DE LA VEGA VIAJA HACIA LA LAICIDAD

EL PAÍS - LUIS R. AIZPEOLEA - 08/05/2008
La vicepresidenta anuncia una reforma suave de la Ley de Libertad Religiosa y abre la puerta a pactos en la ley electoral y la Constitución.
El Gobierno arranca la legislatura con planes reformistas que desencadenarán un fuerte debate social y político al tocar dos aspectos clave en el funcionamiento del Estado mediante la reforma de la Ley de Libertad Religiosa, para avanzar en la laicidad de España a la que se opone la Iglesia y el PP, y la revisión de la Ley Electoral General, vigente desde 1985.
Esta última norma perjudica especialmente a los partidos pequeños, como Izquierda Unida, que presentan candidaturas en todas las circunscripciones y que sacando muchos más votos que otros partidos que sólo se presentan en una comunidad autónoma logran muchos menos escaños en el Congreso.
En cuanto a la reforma de la Ley de Libertad Religiosa, la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega anunció ayer que su objetivo es "avanzar en la condición de laicidad que la Constitución otorga a nuestro Estado" que se traduce "en el reconocimiento de los derechos de los agnósticos, amparado en el artículo 16 sobre la libertad de conciencia". Otra intención es no discriminar a otras confesiones diferentes de la católica incorporando a la ley los acuerdos que ya existen con ellas. El portavoz del PP, Federico Trillo, expresó "como católico" sus reticencias a la intención del Gobierno.
Además, De la Vega presentó ayer a la oposición en el Congreso, estas intenciones legislativas:
- Reforma de la ley electoral. De la Vega anunció la creación de una subcomisión para abordar cambios en la ley electoral para "ganar en calidad democrática", buscando "el acuerdo y mayor consenso posible". Previamente, va a solicitar, con carácter inmediato, un informe al Consejo de Estado sobre las posibilidades de reforma de la Ley de Régimen Electoral. IU y UPD, los principales afectados, ya han presentado iniciativas parlamentarias a este respecto.
- Impacto autonómico de los proyectos de ley. Una novedad es la intención de que todos los proyectos normativos incorporen un informe de impacto autonómico para ponderar "desde la más absoluta objetividad y fiabilidad cómo se ven afectadas las autonomías por cada nueva norma estatal", según señaló la vicepresidenta primera. "¿Qué estarán tramando ustedes?", criticó Trillo a este anuncio.
- Reforma de la Constitución. De la Vega recuperó la propuesta de reforma constitucional que el Gobierno intentó en la pasada legislatura y no logró por desacuerdo con el PP. La reforma volverá a estar limitada a cuatro objetivos: hacer del Senado una verdadera Cámara territorial; incorporar la denominación de las comunidades autónomas al texto constitucional; garantizar la igualdad de género en el acceso a la Jefatura del Estado e incorporar el concepto de Unión Europea. El PP avisó de que ellos tienen su propia propuesta en la que persiguen blindar las competencias del Estado.
- Ley de igualdad de trato. La Ley Integral para la Igualdad de Trato y Contra la Discriminación fue un anuncio del presidente del Gobierno durante la pasada campaña electoral, con el objetivo de "fomentar el reconocimiento de la diversidad como un activo social, impulsando y completando el marco legislativo europeo". Junto a ella, Fernández de la Vega se comprometió a presentar, antes de acabar el año, un Plan de Derechos Humanos, en línea con las recomendaciones del Alto Comisionado de la ONU.
- Ley del aborto. La vicepresidenta también se comprometió a crear una comisión de expertos para "introducir mejoras en las garantías de los derechos de las mujeres". Citó expresamente los casos de las mujeres que vieron peligrar su derecho a la intimidad de sus datos en el ejercicio de otro derecho, como es el de la prestación de la interrupción voluntaria del embarazo en los términos establecidos por la ley o la suscripción de un convenio por el que el Servicio de Asistencia Religiosa Católica pueda formar parte del comité de ética de cuidados paliativos de los hospitales públicos en Madrid.

lunes, 5 de mayo de 2008

¿VIVIMOS EN UN ESTADO LAICO?

La ceremonia de toma de posesión de los miembros del Gobierno está siempre presidida, aparate de la Constitución, por un enorme crucifijo y una Biblia de 1791 que fue propiedad de Carlos IV, abierta por un pasaje sobre el voto y el juramento del Libro de los Números.
¿Es esta la imagen de un estado laico, o por el contrario parece más propia de otros tiempos?

lunes, 21 de abril de 2008

LOS VALORES REPUBLICANOS

El pasado viernes 18 de abril se aprobó en el Pleno municipal del Ayuntamiento de Sevilla, con la abstención del PP, una propuesta que instaba a defender la memoria de los valores republicanos, rechazando las maniobras que pretenden denigrar lo que fue la II República, al amparo de la llamada Ley de Memoria histórica, gracias a que dicha Ley establece medidas concretas de reconocimiento y reparación que, entre otras, están orientadas a dar cumplimiento al derecho de los ciudadanos a que los símbolos públicos sean ocasión de encuentro y no de enfrentamiento o agravio, y contribuye a la rehabilitación moral de quienes sufrieron tan injustas sanciones y condenas.

En este sentido, nos debería sonrojar a todos que todavía existan nombres de las calles de Sevilla vinculados directamente a criminales de guerra.

Hoy, toda la ciudad se refiere al puente de Los Remedios, cuando hasta hace sólo unos años seguía llamándosele del Generalísimo. Ese es el proceso que se va a reproducir ahora, sin tensiones y sin excesos, tan sólo con la ley en una mano, y la razón y la dignidad en la otra.

En España, nuestra actual Democracia es, sin ninguna duda, heredera de la llamada II República Española. La tradición democrática en España no ha sido tan fuerte como para que nos podamos permitir el lujo de renunciar a ninguna de sus fuentes.

En 1936 España tenía un régimen democrático que nos fue arrebatado por un sangriento golpe de estado, sucedido por cuarenta años de dictadura, y que no pudimos recuperar hasta hace poco más de treinta años.

Hemos de proclamar alto y claro que la transición española consistió en una RESTAURACIÓN moral y legal de nuestra tradición democrática, y no simplemente un tránsito a la democracia desde un Dictadura carente de legitimidad alguna. La responsabilidad de todos los demócratas debería ser la de reforzar y consolidar esa tradición. La República, por tanto, no debe ser patrimonio ni de la derecha ni de la izquierda, es patrimonio de todos, es patrimonio de la Democracia.

Y desde la derecha más moderada no deberían dejarse caer en la trampa que permanentemente les tiende la extrema derecha española que les lleva a menudo a acabar justificando el Franquismo.

Los valores republicanos son los que inspiraron la transición española, y de los que emanan hoy la mayoría de nuestras instituciones.

La idea central de la filosofía republicana es la concepción de la libertad como no dominación, centrando primordialmente su atención en el destino de los ciudadanos individuales, puesto que son estos los que deben ser protegidos de la dominación. Esta larga tradición republicana va desde Cicerón hasta el periodo de las revoluciones ilustradas americana y francesa.




ESTOS VALORES, SE RESUMEN PERFECTAMENTE CON EL
LEMA REPUBLICANO POR EXCELENCIA:
LIBERTAD, IGUALDAD, FRATERNIDAD




El Republicanismo propugna que las personas son ciudadanos, no súbditos, y que por lo tanto nadie tiene derecho a decidir sobre la vida o libertad de otra persona. El Estado es el responsable y garante de la protección del débil frente al fuerte.

La tradición republicanista no obedece a la idea de que la voz del pueblo soberano es monolítica. La voz del pueblo es plural, son muchas las voces que deben poder expresarse.

El Republicanismo se basa en el fortalecimiento de la sociedad civil (mediante la garantía de la independencia de medios de comunicación y también de las asociaciones y ONGs), para que el Estado sea el garante frente a los débiles, pero que la sociedad civil sea la que controle al Estado.

El republicanismo es una filosofía con un fuerte arraigo en la historia europea, como muchos historiadores han explorado recientemente de forma muy minuciosa. Hoy por hoy es una fórmula de enorme vigencia al ser la tesis defendida desde 1997 por el Profesor Philip Pettit.

Para finalizar, unas hermosas palabras del recientemente homenajeado Diego Martínez Barrio, sevillano y Presidente de la República en el exilio que, en 1961, durante el 30º Aniversario de la República en París, ante el anunciado derrumbe del Régimen Franquista, que lamentablemente nunca llegó a ver, dijo: “Desgraciadamente, ante la coyuntura que presenta el curso de los sucesos, sobresale en la oposición al régimen franquista una peligrosa diferencia de criterio, la del origen del poder futuro. Unos partidarios lo atribuyen de antemano a la monarquía y otros a la voluntad de minorías audaces, encargadas de conducir la nación. Cualesquiera de estas soluciones, impuestas violentamente, dejarían irresuelto el problema. España no puede tener en definitiva otro régimen que el votado por la masa de sus ciudadanos, hombres y mujeres, personificación del país a cuyo fallo habríamos, todos, de someternos. Mi posición y la del Gobierno [en el exilio] son claras. Yo fui designado depositario de los derechos de la República (…). Servir, cuando la convicción corresponde a la empresa; acatar cuando la voluntad colectiva se manifiesta contraria a nuestras convicciones. Clara línea de conducta que es el mejor título de unos españoles, dignos de su historia y de su tiempo. Hasta pronto, pues, compatriotas. Ya se percibe la aurora. ¡Viva España! Y, además, ¡Viva la República!”

viernes, 4 de abril de 2008

ENFOQUE ESCÉPTICO DE LA POLÍTICA

Según una opinión muy difundida entre los italianos, la gente se divide en dos clases: los furbi, o pícaros, y los fessi o tontos. Y, como lo sugieren los éxitos pasados de Silvio Berlusconi, uno de cada dos italianos han admirado más a los furbi que a los fessi. Lea lo que sigue para no caer en la ignominiosa categoría de los fessi.

Durante dos milenios los filósofos escépticos nos han alertado contra las supercherías religiosas y los fraudes intelectuales. Pero ninguno de ellos, ni siquiera Sexto Empírico en la Antigüedad, ni Francisco Sánches en el Renacimiento, ni David Hume en la Ilustración, ni Bertrand Russell en el siglo pasado, nos han advertido contra los espejismos y crímenes políticos, pese a que ellos son mucho más peligrosos que cualquier superstición.

En lo que sigue procuraré reparar esta omisión. Argüiré que, aunque en materia política todos somos tuertos, más vale que el ojo vidente sea escéptico. Y, para que no se crea que predico el escepticismo político radical y destructivo, o sea, el anarquismo, empezaré por distinguirlo del escepticismo moderado o puramente metodológico que recomendara Descartes y que se practica en ciencia y en técnica, a saber, el que recomienda dudar antes y después de creer.

1 Escépticos radicales y moderados

Se cree comúnmente que los escépticos no tienen creencias. Esta creencia acerca de los escépticos es falsa, ya que sin creencias de algún tipo no sobreviviríamos. Por ejemplo, el ratón que creyera que los gatos son productos de su imaginación no dejaría descendencia; tampoco el peatón que no creyera conveniente mirar a ambos lados de la calle antes de cruzarla. Las creencias, pues, son fuentes de acción. Quien nada cree nada hace y por lo tanto vive aun peor y menos que el dogmático.

Contrariamente a lo que sucede con los gusanos, en los humanos el estímulo no causa directamente una respuesta, sino que es refractado por un sistema de creencias. Esto explica por qué un mismo estímulo, tal como una frase, provoca una reacción en Fulano y otra diferente en Zutano. Por ejemplo, la expresión ‘justicia social’ alarma al conservador pero atrae al progresista.
Desde luego, no todas las creencias son equivalentes: unas son más verdaderas o eficaces que otras. El dogmático es esclavo de creencias que no ha examinado críticamente, de modo que se arriesga a obrar mal. El escéptico radical, el que nada cree, no está al abrigo de toda creencia, sino que es víctima de creencias inconscientes. En cambio, el escéptico moderado, el que sopesa ideas antes de adoptarlas o rechazarlas, está en condición de actuar racional y eficazmente. En otras palabras, mientras el escéptico radical es nihilista, el escéptico moderado es constructivo. Y lo que construye, a diferencia del edificio dogmático, no se desploma al primer temblor, porque ya ha pasado pruebas escépticas.

Entre los sistemas de creencias figuran las ideologías, o sea, los cuerpos de ideas acerca de la naturaleza del mundo, del más allá, de los valores y de las normas morales y políticas. Las creencias ideológicas suelen ser las más fuertes. Tanto, que muchos científicos eminentes, que rechazaron todas las pseudociencias consabidas, se aferraron a dogmas religiosos o políticos.

Por ejemplo, Theodosius Dobzhansky, uno de los padres de la síntesis de la biología evolutiva con la genética, fue un ferviente cristiano. El gran biólogo J. B. S. Haldane y el no menos insigne físico John D. Bernal fueron stalinistas tan ortodoxos que defendieron los disparates de Trofim Lysenko, el enemigo de la genética cuyas hipótesis pseudocientíficas hicieron retroceder a la agricultura soviética. O sea, que una sólida formación científica no vacuna contra la pseudociencia. Para vacunarse hay que combinar la actitud científica con el análisis metodológico. Esto vale tanto para el conocimiento como para la política.

Casi todos enfrentamos los acontecimientos políticos con algún preconcepto ideológico: progresista o reaccionario, neoliberal o socialista, secular o religioso, etc. Esto es inevitable pero azaroso, porque las ideologias son respuestas prefabricadas a estímulos esperables, y la realidad social es en gran medida impredecible porque la vamos haciendo de a poco y en forma más improvisada que científica. Por este motivo hay que poner especial cuidado en la formación y propagación de una ideología.

Sin embargo, el enfoque ideológico no es un obstáculo a la comprensión de la politica si se está dispuesto a reexaminar de tanto en tanto los principios de la ideologia en cuestión, para verificar si se ajustan a la nueva realidad, a la moral y a nuestras aspiraciones legítimas. Seamos escépticos pero moderados, no radicales. O sea, adoptemos el escepticismo metodológico y rechacemos el escepticismo radical, porque se niega a sí mismo y es puramente destructivo.

El buen demócrata es un escéptico moderado porque está alerta a las posibles violaciones de las reglas democráticas: al fraude, la corrupción, el cercenamienrto de las libertades básicas, la agresión militar, etc. En cambio, el escéptico radical, el que nada cree, se pone al margen de la política, y con ello se hace víctima de ella. Al dogmático le va igual que al escéptico radical: también él se pone a merced de los demás en lugar de actuar conscientemente por el bien común y contra quienes cometen acciones antisociales. En resumen, el buen demócrata no obedece ni desobedece ciegamente: todo lo examina y sopesa.

En lo que sigue intentaré alertar contra minas terrestres de ocho clases que acechan a quien se aventure a caminar por el terreno político: confusión, error, exageración, profecía, engaño, pagaré, maquiavelismo y crimen. No lo haré para alejaros de la política sino, muy por el contrario, para instaros a que participéis en ella con ojo escéptico antes que cegados por dogmas o ilusiones infundadas.

2 Confusiones

Confundir es identificar lo distinto. La confusión puede ser involuntaria o deliberada. La confusión involuntaria es el precio que pagamos por la ignorancia, el apresuramiento, la improvisacion o la superficialidad. La confusión deliberada, en cambio, es un delito, ya que es un engaño. Esto ocurre, por ejemplo, cuando se identifica la libertad con la libre empresa o el libre comercio, el derecho a la defensa con la agresión armada, la socialización de los medios de producción con la estatización, y la propaganda con la información.
Una de las confusiones más difundidas y provechosas en política es la identificación o confusión de los dos tipos de terrorismo: el de arriba o de Estado, y el de abajo o de grupo clandestino, tal como el que practican las organizaciones paramilitares, con apoyo estatal o sin él.

Esta confusión es políticamente provechosa porque permite tildar de terroristas a los guerrilleros que toman las armas para hostilizar a un gobierno opresor o un ejército invasor. Más aun, a veces el Estado recurre a los mismos medios que usan los terroristas de abajo: castigo colectivo, intimidación, ejecución sumaria, tortura, o exacción. Este recurso es ilegal porque hace a un costado el tribunal ordinario, único facultado para juzgar los crímenes al por menor. Un gobierno que utilice esos recursos extralegales carece de legitimidad legal y moral. Un Estado auténticamente democrático no puede darse el lujo de usar los mismos métodos de quienes combaten la democracia. Hacerlo es pura hipocresía.

3 Errores

El error es tan común en política como como en ciencia, pero la corrección del error es menos frecuente en política que en ciencia, porque al político común le interesa más el poder que la verdad. Además, el político puede cometer errores morales, o sea, delitos de distintas envergaduras, desde el engaño al electorado hasta la agresión, mientras que lo peor que puede hacer un científico es cometer fraude, lo que puede ser grave dentro de la comunidad científica pero no toca a la ciudadanía.

Los errores politicos pueden ser tácticos o estratégicos. Los errores tácticos, o técnicos, son mucho más fáciles de corregir que los estratégicos, ya que éstos involucran principios y metas. Un error estratégico común es el oportunismo, tal como aliarse con el enemigo de nuestro enemigo con el solo fin de derrotar al adversario. Este es un error grave porque involucra traicionar principios básicos.

Otro error del mismo tipo es tomar en serio la llamada ley de Hotelling, conforme a la cual siempre conviene desplazarse hacia el centro del espectro político, para capturar votos del adversario. Esta estrategia electoral puede dar resultados inmediatos, pero a la larga es suicida, porque a medida que se esfuman las diferencias entre los partidos se debilita la motivación del votante para elegir entre ellos: prefiere quedarse en casa, aduciendo que, puesto que todos son iguales, no tiene caso elegir entre ellos.

4 Exageraciones

En política suelen cometerse errores de evaluación, en particular exageraciones y subestimaciones. Por ejemplo, los izquierdistas tienen la tendencia a tachar de fascistas a los autoritarios, incluso a los conservadores. En particular, acusamos de dictadura a cualquier gobierno que conculque algunas libertades democraticas, aunque no encarcele en masa a los opositores. Por ejemplo, en su tiempo se acusó de dictadura a los gobiernos de los General Primo de Rivera y Perón, cuando de hecho fueron dictablandas. Las exageraciones de este tipo atemorizan a unos y llevan a otros a tomar medidas innecesariamente radicales. Tampoco hay que cometer el error opuesto, de subestimar al adversario. Un ejemplo de este error es el que comete el eminente sociólogo político Michael Mann en su monumental Fascism (2004), al afirmar que el franquismo no fue fascista. Llega a esta conclusión porque el franquismo no se ajusta a su definición idiosincrática de fascismo. Según Mann, “el fascismo es la búsqueda de un estatismo nacionalista [nation-statism] transcendente y purificador mediante el paramilitarismo”. Puesto que la organización paramilitar facciosa, la Falange, era pequeña, el franquismo no se ajusta a esa definición. Lo mismo se aplicaría al régimen del Mariscal Horthy en Hungría.

A mi juicio, esto sólo muestra que la definición de Mann es defectuosa, ya que el régimen franquista colmó los deseos de los super-ricos, así como los de Hitler y Mussolini, escuchó las plegarias del Papa y ejecutó a más opositores que cualquier otro régimen fascista. ¿Para qué montar una fuerte banda paramilitar de señoritos voluntarios si se dispone de casi todas las fuerzas armadas del país, de los aviones y buques de guerra alemanes, y de los llamados voluntarios italianos? El error de Mann consistió en aferrarse a una definición en lugar de empezar por una provisional, ponerla a prueba, y terminar proponiendo una definición más adecuada que la inicial. O sea, en este caso no se ajustó al método científico.

5 Profecías

La profecía es especialidad del líder religioso, del ideólogo que cree conocer las leyes de la historia, del macroeconomista ortodoxo, del político inescrupuloso y del vendedor de grasa de culebra. Es posible hacer profecías políticas correctas referentes a sociedades tradicionales, homogéneas y carentes de cuantiosos recursos naturales. Las sociedades de este tipo pueden persistir durante bastante tiempo en el mismo estado, porque no tienen divisiones que generen conflictos internos graves ni tientan a potencias extranjeras. Pero las cosas cambian radicalmente en cuanto aparecen la modernidad, la sociodiversidad pronunciada o una gran riqueza natural. Cuando esto ocurre suceden cambios imprevisibles.

La modernidad, la innovación técnica y la gran diversidad social van acompañadas de cambios sociales impredictibles. La primera favorece el cambio, por dar rienda suelta a la creatividad, la que consiste, precisamente, en inventar cosas, procesos e ideas nunca pensados antes. Y la gran diversidad social, sobre todo si consiste en desigualdades pronunciadas de acceso al poder económico, político o cultural, genera conflictos de resultado incierto. Baste recordar las grandes revoluciones sociales y los trágicos conflictos bélicos de los últimos dos siglos. Nadie predijo la Revolución Rusa, el ascenso del nazismo al poder, la gran alianza contra el Eje fascista, o la implosión del Imperio Soviético. En nuestros días, al ordenar la tercera invasión del Líbano, Ehud Olmert, primer ministro israelí, pofetizó “un nuevo Medio Oriente” al terminar la operación. Treinta y tres días después, al ordenar la retirada de las tropas invasoras, las que no habían hecho sino matar y destruir, Olmert confesó que su ánimo se había tornado “sombrío, humilde y pesimista”.

Pese a los fracasos sucesivos de las profecías desde los tiempos bíblicos, millones creyeron en la profecía cristiana del fin del mundo, en la marxista de la bancarrota del capitalismo y en la neoliberal de la prosperidad que causaría el libre comercio, pero que no le llegó al Tercer Mundo. Otros creyeron en la profecía del primer presidente Bush, quien en 1990 afirmó que el precio del petróleo bajaría al ganar la Guerra del Golfo. De hecho, desde entonces ese precio subió de 20 a 70 dólares por barril, debido en parte a la política exterior de su hijo.

La única región del mundo acerca de la cual me atrevo a hacer una predicción, por cierto sombría, es el llamado Medio Oriente, que en realidad es próximo. Esta ha sido una región conflictiva desde el colapso del Imperio Otomano porque flota sobre el mar de petróleo más vasto del planeta, porque el petróleo es muy codiciado por todos los países, y porque hay una sola potencia capaz de controlarlo o incluso poseerlo por la fuerza sin que le importe violar una y otra vez el derecho internacional. Por este motivo me atrevo a profetizar que el Oriente Medio seguirá siendo conflictivo, aunque se firmen docenas de tratados, mientras le quede un barril de petróleo.
Los americanos están dispuestos a sacrificar por este motivo hasta el último soldado israelí, y los reclutadores islamistas hasta el último mártir-asesino, para defender el óleo sagrado. Poderoso caballero es Don Petróleo. Si quedare duda, imagínese lo que occurriría si Israel hubiera sido instalado en Patagonia o Amazonía en lugar de Palestina. ¿Qué interés habrían tenido los americanos en transformar a Israel en la fortaleza más potente de la región, la única dotada de armas de destrucción masiva, y la única capaz de defender el acceso de las firmas norteamericanas a ese tesoro fabuloso?

En resumen, es posible acertarla con predicciones en pequeña escala y a corto plazo, así como con predicciones referentes a recursos naturales. En cambio, no es posible acertarla con profecías sociales grandiosas. Esto se debe a que no conocemos las leyes de la historia, y ni siquiera sabemos si las hay.

6 Engaños

El día siguiente al atentado terrorista del 11 de setiembre de 2001, el titular de la primera plana de The New York Times ponía: “Los EE.UU. bajo ataque.” Esto daba la impresión de que se trataba de un nuevo Pearl Harbor: que la nación norteamericana estaba en guerra porque había sido atacada por otra potencia, la que ahora se llamaba “terrorismo”. Era la guerra contra el Terror, enemigo sin territorio ni gobierno, pero no menos temible por ello, y que exigía la movilización del pueblo: leyes de emergencia, recursos extraordinarios y, sobre todo, unión en torno al Líder del Mundo Libre, el presidente George W. Bush, reelecto un año después pese a su incompetencia.

Esa presunta noticia fue falsa porque, por definición, guerra es conflicto armado entre dos naciones con sus respectivas fuerzas armadas, y en este caso había una sola nación, y el enemigo no era una fuerza armada sino una minúscula banda de criminales fanáticos no identificados. Es como si el gobierno español hubiera afirmado que estaba en guerra con ETA, hubiera bombardeado y ocupado el sur de Francia por albergar a etarras, y hubiera construído una prisión política para vascos sospechosos en una ex-colonia africana, para “interrogarlos” y sustraerlos a la justicia española.

Como dice George Soros en su último libro, The Era of Fallibility, la “guerra al terror” no es sino una metáfora políticamente conveniente. Tanto, que engañó al pueblo norteamericano, recortó las libertades civiles, dividió, entonteció y desarmó a la oposición, prometió un torrente inagotable de petróleo barato, e hizo regalos colosales al puñado de empresas amigas de la Casa Blanca. Años después el mismo gran periódico admitió la falsedad de su “información” de que Irak poseía armas de destrucción masiva y había participado en el ataque 9/11. Pero ya era demasiado tarde: ya habían sido agredidas y ocupadas dos naciones, ya habían muerto decenas de miles de civiles inocentes, ya habían sido irreversiblemente arruinadas las vidas de centenares de miles de personas, y ya habían sido reducidas a escombros centenares de hospitales, escuelas, centrales eléctricas, plantas purificadoras de agua, fábricas, puentes, y casas privadas. O sea, ya se habían cometido innumerables crímenes de guerra. Sin embargo, estas operaciones en nombre de la libertad y la democracia le ganaron a George W. Bush y su partido una nueva victoria electoral. Un vez más, la alquimia política había transmutado a comediantes y delincuentes en grandes estadistas.

El engaño político es particularmente exitoso y repugnante cuando va disfrazado de cruzada moral, cuando los líderes les dicen a sus conciudadanos: “Nosotros somos buenos, y ellos son malos, de modo que nuestra guerra con ellos es una cruzada del Bien contra del Mal”. El escéptico sabe que cada uno de nosotros es medio ángel y medio demonio, Doctor Jekyll de día y Mister Hide de noche, bueno en el hogar y malo en el trabajo o al revés. Por lo tanto, el escéptico les exige a los políticos maniqueos que le digan claramente en qué aspectos “nosotros” somos buenos y en cuáles “ellos” son malos. Puede ocurrir que no haya gran diferencia moral entre ambos bandos, y que su conflicto no sea moral sino material: que no se trate del Bien sino de bienes, tales como tierra, agua, petróleo y mercados.

Otra cruzada en que están empeñados miles de politicos profesionales es la promoción de la libre empresa y el libre comercio, pese a que ninguno de ellos han hecho progresar a los países subdesarrollados. Los Vargas Llosa, el novelista justamente famoso y su hijo Alvaro, militan en esta cruzada. Vargas Llosa hijo ha acusado a los izquierdistas latinoamericanos de ser idiotas por persistir en el error socialista y no comprender los beneficios del llamado neoliberalismo, que no es sino la tentativa de volver al capitalismo desenfrenado del siglo XIX. Otro hijo famoso, el del padre del capitalista más poderoso del mundo, disiente. En efecto, Bill Gates declaró hace poco, en la famosa audición de Bill Moyers, que, si bien el capitalismo había sido una bendición para el primer mundo, había resultado una maldición para el tercero. El escéptico ingenuo queda en la duda: ¿cuál de los dos hijos será el idiota, Bill o Alvarito?

Finalmente, no hay engaño exitoso sin autoengaño de otros: Don Juan cuenta con el autoengaño del cornudo. Los niños que se enrolaron en la Cruzada de los Niños creyeron que se ganarían el paraíso al ir a rescatar el Santo Sepulcro de manos de los infieles; millones de ciudadanos soviéticos creyeron que estaban construyendo el “socialismo real”, cuando de hecho se estaban sacrificando por el socialismo de Estado; los mandatarios chinos siguen llamándose a sí mismos comunistas al mismo tiempo que favorecen el ensanchamiento del abismo entre ricos y pobres; y millones de norteamericanos creyeron a su presidente cuando les aseguró que la dictadura irakí poseía armas de destrucción masiva que amenazaban su derecho sagrado al petróleo ajeno.

El escéptico procurará mantener en buen estado a su detector de mentiras, para no dejarse extraviar por cantos de sirenas de afuera ni de adentro. Pero, contrariamente a Odiseo (a) Ulises, no se amarrará al mástil de su barco dejando que éste navegue a la deriva, sino que empuñará el timón para seguir buscando la verdad.

7 Pagarés

Todo político tiene que firmar pagarés, o sea, hacer promesas. Si es honesto, los firmará creyendo que podrá levantarlos, aun sabiendo que pueden ocurrir acontecimientos inesperados, tales como sequías prolongadas y agresiones extranjeras, que le impidan cumplir su palabra.

Lenin prometió que la combinación de poder soviético con electrificación gestaría el socialismo, pero éste nunca llegó. Hitler prometió un reino milenario, el que no duró sino 12 años. Durante la segunda guerra mundial Roosevelt y Churchill prometieron un mundo sin miedo, en vísperas del peor susto que sufrió la humanidad desde el año 1.000: la amenaza de guerra nuclear. Perón prometió la justicia social, la que jamás llegó. Y ahora Bush promete regalarles libertad y democracia a todos los pueblos, aunque no las quieran. No hay como firmar pagarés políticos para omnubilar el espíritu crítico

Ocasionalmente el político ambicioso, aunque básicamente honesto, firmará pagarés literalmente a diestra y siniestra, para obtener el apoyo de grupos políticos de idearios muy diferentes del suyo propio. Si triunfare, se encontrará con la imposibilidad de cumplir con los diestros sin ofender a los siniestros y recíprocamente. Esto le ocurrió a Arturo Frondizi, el primer presidente constitucional argentino después de la caída de Perón. No sólo no pudo levantar todos los pagarés que había firmado, sino que se topó con los tres enemigos tradicionales de la democracia latinoamericana: las fuerzas armadas, la Iglesia católica y el servicio norteamericano de espionaje.

El ciudadano con ojo escéptico intentará averiguar qué pagarés ha firmado su candidato, así como estimará la posibilidad que tiene de levantarlos. Si le parece que ha prometido demasiado a demasiada gente, se lo hará saber, para que el candidato se desligue a tiempo de algunos compromisos. Siempre es preferible conservar el capital político bien habido a malgastar el malhabido.

8 Maquiavelismo

Niccolò Machiavelli fue uno de los más grandes politólogos de todos los tiempos, pero también fue un técnico siniestro de la manipulación política. Lo que hoy llamamos maquiavelismo puede resumirse en el consejo utilitarista “El fin justifica a los medios”. En otras palabras, la receta es armarse de insensibilidad moral.

Es moralmente insensible el que pasa por alto la pobreza, la violencia, la corrupción y la ignorancia, pero en cambio exige sacrificios para mayor gloria de Dios, de la patria o de un ideario. Un movimiento político es moral si y sólo si se propone sinceramente mejorar el estilo de vida de las gentes, o sea, si es democrático y progresista, porque en tal caso es prosocial. En cambio, un movimiento político es inmoral si es antisocial, o sea, si favorece los intereses de una minoría a costillas de la mayoría. Acabo de plagiar a Alexis de Tocqueville, a casi dos siglos de distancia.

Sin embargo, ¡ojo escéptico!, porque un político puede abogar de buena fe por fines morales al mismo tiempo que emplea medios inmorales para conseguirlos. Primer ejemplo: el igualitario que practica el elitismo al sostener la necesidad de una dictadura para imponer la igualdad. Segundo ejemplo: el demócrata que pretende imponer la democracia a tiros o a dólares. Tercer ejemplo: el liberal que ejerce la censura para impedir la discusión y difusión de ideas reaccionarias o socialistas.

En conclusión, el escéptico examinará no sólo las metas de un movimiento político sino también los medios de que se vale para alcanzarlos. De lo contrario se hará cómplice de alguna de las grandes hipocresías de nuestro tiempo: la guerra para acabar con las guerras, la dictadura para realizar la emancipación, el centralismo democrático, y la invasión para difundir la democracia. Para hacer una tortilla hay que romper huevos, pero frescos, no podridos, ni menos aun cuando están siendo empollados.

9 Crímenes

En política, igual que en la vida cotidiana, se cometen errores morales, o sea, acciones antisociales, que son las que benefician al actor en perjuicio de otros. Los errores morales pueden ser voluntarios o involuntarios, de comisión o de omisión. Cuando el daño consiste en la muerte de inocentes, o en la destrucción de cosas muy necesarias para otros, tales como hospitales, fuentes de energía y puentes, el error es un crimen.

De todos los errores morales deliberados, el peor es la agresión, de cualquier tipo y a cualquier escala. Y de todas las agresiones la peor es la armada, particularmente la agresión armada en gran escala, o sea, la guerra, ya que es asesinato al por mayor. Ya en 1870 mi compatriota, Juan Bautista Alberdi, escribió un libro titulado El crimen de la Guerra, que tendrían que leer los filósofos y teólogos que escriben sobre la Guerra justa, cuando de hecho a lo sumo hay un bando justo en una Guerra.

Pese a que la agresión militar es un crimen prohibido por la Carta de las Naciones Unidas, sigue habiendo guerras y se sigue usando el símil bélico para nombrar campañas de distintos tipos: guerra a la droga, al crimen, al SIDA, al analfabetismo, etc. En cuanto se habla de guerra, literal o metafórica, se puede recurrir al patriotismo, ya auténtico, ya fabricado ad hoc para privar a la gente de su facultad crítica, de su juicio moral, o de su libertad.

Por todo esto es escandaloso que sean tan pocos los filósofos morales que hayan condenado la guerra; que los cursos universitarios de ética le dediquen mucha menos atención que al caso proverbial del padre que roba un pan para alimentar a sus hijos hambrientos; y que los fundamentalistas cristianos no se manifiesten contra la guerra, el crimen máximo, ni voten contra quienes la inician, en lugar de desfilar contra el aborto y el matrimonio homosexual.

Es característico de los guerreros de sillón, desde los políticos que organizaron la primera masacre mundial hasta nuestros días, el que todo lo vean en términos de victorias y derrotas, nada en términos morales. Por ejemplo, en el documental “The fog of war”, dedicado a la vida pública de Robert S. McNamara, éste confiesa haber cometido varios errores al organizar la guerra contra Vietnam en su calidad de secretario de defensa de los presidentes Kennedy y Johnson, pero rechaza categóricamente la acusación de haber cometido crímenes de guerra, pese a haber ordenado el bombardeo indiscrimnado de poblaciones civiles, la fumigación con “agente naranja”, el desmantelamiento de aldeas, y muchos otros actos prohibidos explícitamente por la Convención de Ginebra y la Carta de las Naciones Unidas. Las personas normales, en cambio, sabemos que la agresión bélica es criminal y por lo tanto inmoral.

Con el pretexto de que la mejor defensa es la agresión, a menudo el agresor alega que dispara primero para defenderse mejor. Se habla así de guerra preventiva, se invade países enteros para aprehender a un puñado de terroristas y, con el pretexto de la seguridad, se cercenan las libertades civiles. A los ojos del escéptico, la guerra, ya auténtica, ya metafórica, es un delito que sólo conviene a unas pocas compañías y a los políticos que medran con la credulidad del ciudadano.

10 Moralejas escépticas

Terminaré enunciando un puñado colmado de moralejas escépticas.
  1. Confundir deliberadamente es estafar. No se deje estafar.
  2. Errar es humano, pero persistir en el error es estúpido o criminal. Corrija sus errores antes de que lo tomen por tonto o por canalla.
  3. En política, exagerar para cualquiera de los dos lados es peligroso. No arriesgue el pellejo subestimando, ni haga el ridículo exagerando.
  4. Las predicciones políticas son azarosas porque no conocemos leyes históricas. Desconfíe de quien le ofrezca venderle el futuro, sobre todo en cuotas de sangre.
  5. En política las palabras sirven, ya para informar, ya para engañar. No sea ingenuo: tome con pinzas y examine todo lo que le digan, y recuerde que el mentiroso mayorista suele ser premiado y recordado, ya injustamente como gran hombre, ya justamente como gran rufián.
  6. Antes de aceptar un pagaré político averigüe si el firmante es solvente y si su pasado inspira confianza.
  7. Desenmascare el maquiavelismo: contribuya a moralizar la política. A buenos fines, buenos medios.
  8. Recuerde que la agresión armada, por justificada que parezca, es un crimen. Y que este crimen se da en dos variedades: de abajo y de arriba (o terrorismo de Estado). El terrorista de abajo puede caer bajo el Código Penal, mientras que al de arriba le cabe el Código de Nüremberg. En resumen, cuando oiga la palabra ‘guerra’, desconfíe: acuda al diccionario y averigüe quién es el auténtico enemigo y cómo combatirlo sin cometer crímenes de guerra.

Metamoraleja: Desconfíe de todas las moralejas, icluso las que acaba de leer, pero no se deje paralizar por la desconfianza. La duda sacude y la crítica quiebra, pero para que haya algo que sacudir o quebrar es preciso empezar por construirlo. (En inglés queda más bonito: Doubt shakes and criticism breaks: Neither makes, and making is what counts.) Para que sirva, el escepticismo no debe ser una doctrina sino una fase de la investigación.
Mario Bunge (Barcelona, 2007)

lunes, 31 de marzo de 2008

"EL LAICISMO NO ES ANTIRRELIGIOSO"

EL PAÍS. SANTIAGO BELAUSTEGUIGOITIA. 29/03/2008
Fernando Savater habla sobre religión y democracia en Sevilla.
"El laicismo no es antirreligioso". Las palabras del escritor y filósofo Fernando Savater (San Sebastián, 1947) resonaron ayer ante un público que abarrotaba un aula de la Universidad de Sevilla. El autor de La infancia recuperada habló sobre Religión y laicismo en la democracia actual ante cerca de 200 personas. No todas pudieron sentarse en los bancos del aula. Decenas de ellas se quedaron de pie o se sentaron en el suelo.
"Hoy, el laicismo no sólo consiste en mantener la separación entre la Iglesia y el Estado. Quien niega el laicismo niega la libertad de conciencia", comentó Savater. "Es verdad que la sociedad en la que vivimos no tiene más fundamento que la voluntad de los seres humanos. De ahí viene la importancia de una educación que fomente los caracteres capaces de razonar, de hacer demandas inteligibles socialmente fundadas y de comprender las demandas de los demás. Sin eso no sale la democracia", explicó el autor de Ética para Amador.

"La educación pública tiene que ser laica a todos los niveles. Dentro de una educación pública laica sólo se pueden transmitir conocimientos científicos y principios constitucionales", resumió el pensador. Savater defendió la educación como pilar esencial de las democracias. "Una democracia tiene que ser educativa", recalcó.

Savater remontó el concepto de separación entre la Iglesia y el Estado a las propias raíces del cristianismo. "Hace unos años, con motivo de la frustrada Constitución europea, se planteó si se debía hacer una mención específica a las raíces cristianas de Europa en esa Constitución. Parecía que era una pretensión que podría ser inmanejable y engañosa. Yo veía algo tramposo en ella porque, precisamente, lo que aporta el cristianismo es una separación entre el Estado y la religión entendida como legitimación del poder, las instituciones y el emperador. Ello convierte a la religión en algo que está al margen del Estado", detalló el escritor donostiarra.

"La verdadera raíz cristiana es la separación de la Iglesia y el Estado. La aportación del cristianismo es la separación entre el Estado y la religión. Las raíces cristianas de Europa son el laicismo. Eso es lo que no existe en el mundo musulmán, donde no ha existido nunca una separación entre el Estado y la religión", agregó Savater. El filósofo recordó, además, que "la expresión más sencilla y comprensible del laicismo está en el Evangelio: 'Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios".

Savater hizo un repaso histórico del rechazo de la Iglesia católica a la democracia y la libertad de conciencia a lo largo de los siglos XVIII, XIX y parte del XX. El Concilio Vaticano rompió con esta tendencia. "A partir del Concilio Vaticano se acepta la libertad de conciencia como parte de la libertad humana", señaló Savater. "Como decía Voltaire en una de sus cartas, 'Cada inglés va al cielo o al infierno por el camino que prefiera. Ésa es la libertad de conciencia", añadió el escritor.
Savater hizo un elogio de la libertad de conciencia y de sus consecuencias. Esa libertad supone, a su juicio, que "se respeten todas las posturas sabiendo que eso implica que a uno le molesten muchas de las cosas que oye y muchas de las conductas que ve". "El verdadero laicismo es el reconocimiento de esta situación y que todos nos acostumbremos a que tenemos que convivir con aspectos ideológicos que no nos agradan", afirmó el filósofo.

Savater, que defendió la asignatura de Educación para la Ciudadanía, hizo hincapié en que las expresiones públicas de la religión "tienen que ser a título privado y no se pueden convertir en obligatorias para todo el mundo". Sobre la obligatoriedad de la religión en el ámbito privado de las personas contó una anécdota pavorosa. El protagonista de esta historia fue Casanova, el aventurero y escritor italiano del siglo XVIII. Cuenta Casanova en sus memorias que cuando llegó a Madrid, sintió un primer motivo de asombro al ver que en la habitación de su pensión no había pestillo. La posadera le explicó que el pestillo estaba en la parte exterior de la puerta. Y le dijo que cerraban la puerta por fuera por si venían los sabuesos de la Inquisición a comprobar con quién dormía cada huésped. "Esto ha existido hasta ahora. En Europa ha habido integrismo hasta hace poco. No es algo que les pase exclusivamente a los islámicos", recordó Savater.

El filósofo insistió en su defensa de la libertad de conciencia. "La religión o la irreligión es un derecho de cada cual. Lo malo es que para el verdadero creyente la religión no es un derecho, sino un deber para él y para los demás", concluyó el pensador.